Fin de semana en la quinta Capitulo 3: El dilema de mi suegro

 Este relato de fantasía es la tercea parte de "El galpón de herramientas" que podés leer haciendo click acá: El galpón de herramientas y "El hijo pródigo" que podés leer haciendo click acá: El hijo pródigo

 

 

El martes siguiente como yo no trabajo mi esposa me pide que le lleve unas cosas a su familia y yo le hago el favor. Cuando llego a la casa de mis suegros me atiende su papá y me dice que mi suegra no está, con lo cual entro para dejarle en la cocina las cosas que le estaba llevando. No hay que ser un adivino para darse cuenta que mi suegro parece bajoneado y como tenemos una buena relación le pregunto qué le pasa. Yo espero que él me diga que nada o que me comente algún problema del trabajo, pero sin embargo se sonroja y me preguntó por qué le estaba preguntando eso, como si todo estuviese bien. El tono no es agresivo ni demandante pero me resulta bastante raro con lo cual le comento que me parece verlo preocupado o angustiado por algo. Al principio trata de negarlo pero parece que cuanto más dice que no pasa nada, peor se pone, con lo cual me atrevo decirle que él sabe que puede confiar en mí y que si cree que hay algo que yo puedo hacer para ayudarlo que no dude en contármelo. El ofrecimiento es recibido con un silencio de un par de segundos que parecen durar horas, hasta que finalmente él me asegura que no hay ningún problema. Empiezo a ir para la puerta para volverme a casa pero algunos metros antes de llegar se frena y finalmente me dice que hay un tema complicado y lo tiene un poco pensativo y que me lo podría decir en confianza pero que yo no se lo podía contar a absolutamente nadie, entonces me lo podría comentar siempre y cuando yo no sienta que ocultárselo a su hija  fuese a ser un problema para mí, a lo cual obviamente accedí, por un lado porque es real pero también porque ahora la intriga es demasiado fuerte.

 

Mi suegro me hace pasar a la cocina y me ofrece tomar una cerveza y después agarra una para él. Nos sentamos alrededor del desayunador en un par de banquetas altas y luego de una pequeña pausa empieza a hablar. Lo primero que me dice es que es algo que había pasado el domingo ese y de forma instintiva siento una pulsación de sangre en el pito, el recuerdo de la guerra de bultos con mi papá llegó a mi cabeza muy rápidamente. Sin embargo casi de inmediato me doy cuenta que lo que me va a contar no tiene nada que ver con eso.

“Estoy un poco angustiado porque el domingo cuando entré a la casa para ir al baño sin querer encontré a Nahuel masturbándose en el baño”. Su relato termina abruptamente ahí y yo no sé bien si tengo que intervenir o no. Él lo contó así nada más pero es claro que hay  algo que lo preocupa de fondo, así que decido indagar un poco como para ayudar pero también, y en gran parte, porque la conversación ya me despertó mucho morbo, el único problema ahora va a ser cómo hacer para que no se me note el pito semiduro si me tengo que parar. 

“Bueno pero cuál es el problema?”

“No, no es que haya un problema en sí, simplemente fue muy sorpresivo para mí encontrarme con esa situación”

“Bueno, pero si estás con este nivel de angustia algo debió pasar…”

 

Mi suegro baja la vista y hace silencio por un par de segundos, finalmente suspira fuertemente y sin mirarme los ojos me dice “El tema es que cuando lo descubrí en lugar de irme me quedé espiando hasta el final”. Si mi pito venía medio lento hasta ese momento, esa frase lo termino de despertar, todavía no sabía cómo pero tenía que aprovechar al máximo esta conversación.

“No veo por qué eso sería un problema”

“Bueno, porque es Nahuel…”

“Sí, entiendo que se arme lío en tu cabeza porque es tu hijo pero dejame hacerte una pregunta, para vos una paja es lo mismo que el sexo?”

“no pero”… instintivamente lo interrumpo, algo en mí me dice que es el momento de actuar, de frenar cualquier connotación moral que pueda venir a su cabeza, “Bueno, entonces no hay ningún problema, para todos nosotros la paja es algo natural y no sólo nos genera curiosidad en el otro sino que también la entendemos como parte innata de nuestra masculinidad, no me parece que tenga ninguna implicancia negativa que hayas sentido curiosidad por verlo pajearse”

 

Nuevamente mi suegro hace una pequeña pausa y luego comenzó a hablar “Sí, tenés razón, pero igual…”y se vuelve a quedar callado. La experiencia pajera en mi cabeza sabe exactamente lo que está pasando y también sabe que él no va a poder decírmelo, la única solución es aprovechar el envión y preguntarle “Perdona la pregunta y de nuevo no lo mires desde un lado moral, a vos te calentó verlo?”

Puedo ver en su cara el inmediato recuerdo del momento vivido el domingo. Puedo imaginar cómo recuerda su pito llenándose de sangre con esa mezcla de vergüenza y placer que seguramente sintió. Mi suegro no puede contestarme, queda en silencio pero ambos sabemos lo que eso significa.

 

“Mira, yo en ese sentido soy muy desestructurado, para mí el sexo y la paja no tienen nada que ver aunque estén obviamente relacionados y siempre cuando todos los involucrados sean mayores de edad, no hay nada malo en eso”.

No puedo estar seguro, pero creo que algo de lo que le estoy diciendo lo llega a tranquilizar, la estrategia mía tiene que ser encontrarlo en el punto exacto de aceptación mezclada con vulnerabilidad para poder avanzar, y me dio la sensación que estamos casi llegando a eso.

 

“Nahuel es un hombre adulto, como vos y como yo y siente la misma necesidad y calentura por hacer una paja cuando algo lo moviliza… Él tuvo que irse de la reunión familiar para descargar lo que sea que lo había puesto así, y vos si hubieses estado libre de prejuicios o no hubieses tenido este miedo podría haber hecho lo mismo después, somos hombres y entendemos que esa necesidad y esa pulsión es más fuerte que cualquier cosa “

Mi suegro asiente con la cabeza y sólo atina a decir “eso es verdad”. Y ahí el pajero experimentado en mi cabeza aprieta el acelerador.

“Dejame hacerte una pregunta y espero que no te moleste”

“Decime” dice mi suegro entre temeroso y tratando de mostrarse todavía como una figura de autoridad para mí, “En este momento, charlando conmigo de esto y recordando la paja de Nahuel, se te volvió a poner gomosa? O incluso dura?” Nuevamente la respuesta es un silencio y el desvío de su mirada y es la afirmación que yo necesitaba “Yo estoy al palo” le digo “y no es porque sea un degenerado sinó por lo que te decía antes, así funcionamos los hombres con la idea de la paja”

 

Su mirada baja instintivamente a mi entrepierna y aunque yo no puedo chequear si se me marca o no el bulto como él lo sigue mirando tengo que interpretar que sí, y tomo eso como un permiso para mirar el suyo. En su pantalón de vestir gris oscuro se dibuja la línea del tronco que inclinándose hacia la izquierda se ve claramente excitado. Levanto la vista y como sí reconociese el código entre machos asiente con la cabeza y en mi cerebro escucho mi propia voz diciéndome Es ahora o nunca.

 

Sin mediar palabra bajo mi mano a la bragueta y la abro, mi suegro trata de sostener la mirada en mis ojos pero no puede, la baja justo para ver como mis dedos agarran mi chota y la sacan por el agujero del cierre, la cabeza de mi pija está tremendamente húmeda y por la punta está saliendo un poco más de precum. “Somos hombres” le digo con convicción y autoridad ”y así nos manejamos, yo voy a hacer esto porque entiendo que es lo que necesito y si vos sentís que lo necesitas también podés hacerlo, el código marca que esto que va a pasar queda acá” Puedo ver en sus ojos el proceso mental, la lucha entre lo que claramente quiere hacer y todos los prejuicios en su cabeza dando vueltas y decido darle el empujón final “lo que quiero que te queden claro es que a mí como pajero y además como tu yerno que te quiere mucho, me gustaría que te sueltes y me acompañes en esta”

 

Como si hubiese salido de un trance mi suegro baja las manos a su entrepierna, agarra suavemente el tronco contenido adentro de su pantalón, y lo aprieta un poco un par de veces. Me doy cuenta que aunque no quiere demostrar lo que le está pasando, la excitación del momento y la sensación de apretarse el bulto le está gustando. Yo empiezo suavemente a mover hacia arriba y abajo mi mano acariciando todo el tronco de mi pito sin sacarle la vista de los ojos. Él no puede sostenerme la mirada y la baja hasta posarla en mi poronga. No tarda mucho en empezar a mover suavemente su mano a lo largo de su propio bulto marcado en el pantalón. Yo percibo como su respiración se va haciendo más pesada a medida que la caricia se va volviendo más fuerte y se extiende a lo largo de todo su entrepierna.

 “A verla…?” Reacciona como si hubiese estado esperando la orden, baja su bragueta y hurga con sus dedos tratando de agarrar el tronco, pero resulta claro desde el principio que es demasiado grande para sacarla por el cierre como hice yo. Desabrocha el botón del pantalón y metiendo la mano por completo agarra el tronco y lo lleva para afuera. En mi experiencia pajera he visto muchas pijas pero está sin duda es de la más grandes que vi en persona, él parece al mismo tiempo avergonzado y orgulloso cuando la saca y se limita a sostenerla por unos segundos como si estuviese mostrándola para que yo la vea. De a poco empieza a mover su mano arriba y abajo a lo largo del tronco y con el propio movimiento la piel empieza lentamente a descubrir el glande a medida que su pito termina de ponerse del todo duro. Yo sincronizo los movimientos de mi mano y lo miró fijo a los ojos, él me clava la mirada mientras continúa con el movimiento, hago un gesto de asentimiento que es al mismo tiempo una reafirmación de que está todo bien con lo que estamos haciendo y una pregunta para ver cómo se siente él al respecto, y entendiendo el código sin tener que hablar él repite el mismo gesto. 

 

Me incorporo de la banqueta y desabrochándome el botón del pantalón me lo bajo hasta la mitad del muslo y quedándome así parado con la poronga apuntando hacia delante continúo el movimiento de la paja, él baja la mirada hacia mí verga por unos segundos y luego me imita, cuando baja su pantalón y el pito le queda al aire es aún más notorio el tamaño, no soy un experto pero puede que esté llegando a los 25 cm aunque es un poco más delgada que la mía. Me acerco un poco hacia él que aunque al principio se tensa, no retrocede, nuestras pijas quedan muy cerca una de las otras y yo extiendo una mano y la apoyo sobre su hombro “suegro y yerno” digo simplemente, la frase no tiene ningún sentido al mismo tiempo siento que dice todo lo que estamos pensando en ese momento. “suegro y yerno” me contesta él con voz un poco temblorosa.

El movimiento en su mano cambia un poco y ahora en lugar de simplemente ir hacia delante y hacia atrás por su tronco hay una mínima rotación de muñeca que aumenta la estimulación, yo lo imito e inmediatamente siento el placer que me provoca, sólo atino a asentir con la cabeza y él entiende el código y sintiéndose por un momento que finalmente es él el que guía, me sonríe y me guiña un ojo. 

 

“Mostrame bien cómo se estaba pajeando Nahuel” le digo con tono amable pero al mismo tiempo imperativo. Mi suegro no reacciona inmediatamente sino que se queda pensativo unos segundos, yo no puedo dilucidar lo que pasa por su cabeza pero finalmente se gira y dándome la espalda empieza hacer un movimiento de masturbación extenso mientras dobla levemente sus rodillas y las vuelve a estirar. Se queda unos segundos así y yo en mi cabeza trato de imaginar lo que sintió él cuando se encontró con la imagen de su hijo en esa posición. De la punta de mi pito chorrea abundantemente el precum y cuando finalmente él gira veo que le está pasando lo mismo, sus huevos que antes colgaban laxos ahora están contraídos contra su tronco y la cabeza roja brilla ya humedecida. Su respiración se volvió pesada y aunque ya no está imitando a su hijo sus rodillas también se quiebran y se estiran mientras recorre con energía el largo completo de su poronga, yo lo imito con algo de cuidado porque sé que si le doy muy fuerte me voy en seco.

 

Continuamos unos segundos así y vamos aumentando el ritmo de la paja poco a poco, si bien los dos tenemos agitada nuestra respiración su jadeos son cada vez más fuertes, sin ningún tipo de vergüenza y al movimiento corto de sus rodillas le agrega un movimiento de estocada de la cintura, coge su mano cada vez con más fuerza y yo puedo ver como el tronco atraviesa su puño una y otra vez mientras de la punta de la cabeza le chorrean hilos de precum cada vez más abundantes. Siento que se va acercando al momento de explotar y vuelvo a tomar el control dándole una orden muy simple “avísame junto antes de acabar” le digo mientras él gime cada vez más fuerte, ya casi no son gemidos sino rugidos y cualquiera que estuviese escuchando desde otra habitación pensaría que mi suegro está cogiendo y no pajeándose. El sonido me está matando, mi suegro está garchándose la mano y eso me vuelve loco de calentura, tengo que hacer mucho esfuerzo para no tirar la leche de inmediato, pero tengo muy en claro en mi cabeza que quiero verlo acabar a él primero, todavía tengo una sorpresa más para mostrarle. 

 

Su gemidos están tan descontrolados y van en un volumen tan fuerte que no puedo otra cosa que imaginar a mi suegra en cuatro patas y él destrozándole el culo con tremenda poronga, es la única imagen que se me puede venir a la cabeza mientras el volumen de su jadeos aumenta constantemente. Siempre me resultó obvio que el cuerpazo de mi esposa era heredado de mi suegra pero ahora me doy cuenta que su energía sexual la heredó de su papá que cuando finalmente se entregó al placer de la paja se lo ve absolutamente descontrolado.

 

“Acabo” me grita absolutamente descontrolado y yo como si hubiese soltado un resorte lo miró fijo a los ojos y le digo “Pensá en Nahuel acabando” la frase lo alcanza en el momento exacto. Su grito arranca un segundo antes que el primer lechazo, el tira con fuerza su mano hacia la base de la poronga y la deja fija ahí mientras el chorro blanco salta en el aire, y retoma el movimiento antes de que salga el segundo disparo. Yo hipnotizado por sus gritos y la leche brotando de su poronga empiezo a acabar también. Apenas baja su mirada para ver brotar mi primer chorro pero nuevamente levanta su vista y la clava en mis ojos sin dejar nunca de gritar y gemir descontroladamente. Pierdo la cuenta de cuantos chorros de leche largamos y cuando finalmente los dos nos calmamos volvemos a apoyarnos en las banquetas altas mientras de poco nuestra respiración se va calmando. Ninguno de los dos dice nada, nuestros cuerpos inertes se apoyan en las banquetas mientras la respiración se va calmando. Mi pija va bajando su tamaño mientras las últimas gotas de guasca salen de la punta. Estoy hipnotizado con su pija, la veo perder dureza pero nada de tamaño, los veintipico de centímetros cuelgan inertes adelante de él que mueve su mirada entre su propio pito y mis ojos mientras su pecho sube y baja tratando de recobrar el aire. Finalmente de a poco el tamaño de su pija se empieza a encoger y sorprendentemente llega a un tamaño flácido en el cual nadie sospecharía que mi suegro carga semejante metralla. 

 

“Todo bien?”

“Sí, está todo bien”

Son las únicas dos frases que tenemos que intercambiar al respecto. Paso al baño para limpiarme y cuando vuelvo a la cocina no solamente él ya se limpió sinó que también limpió todo el enchastre que habíamos hecho. Le pregunto si está más tranquilo respecto a lo que pasó con mi cuñado y él simplemente asiente con la cabeza. Tengo bastante experiencia en estas cosas como para saber que tengo que huir antes que el bajón post excitación haga que mi suegro empiece a sentirse incómodo adelante mío así que lo saludo no sin antes decirle “nos vemos” al mismo tiempo que no muy disimuladamente mi mano se estira para acariciarle el bulto brevemente por arriba del pantalón. Él simplemente se limita a sonreír.

 

Comentarios

  1. Maravilloso. Con unos detalles tan reales que es imposible no excitarse totalmente. Tuve que hacerme una tremenda paja después ....jajajaja!

    ResponderBorrar

Publicar un comentario

Este blog es para diversión, tratemos a todos con respeto. Todos los comentarios que sean buena onda van a ser aprobados y publicados.

Entradas más populares de este blog

Un clásico entre primos, revisitado

Cuestionario Pajero reloaded 1: Fran.

Mejores amigos.