La partida de truco

 

Esa tarde nos juntamos tres pajamigos con ganas de jugar un poco diferente. El juego era  el truco y lo íbamos a jugar gallito, gallito pajero y por turnos.

Cada uno de nosotros llevó anotadas varias prendas “jodonas” y bien de pajeros, la idea era que mientras estuviésemos en las malas íbamos a hacer las prendas de la siguiente forma: si la pareja perdía entre los dos tenían que hacerle al gallo lo que decía el papel y si perdía el gallo tenía que hacerle la prenda a los otros dos. Luego, ya pasando a las buenas íbamos a cambiar, y en cada mano el que perdía iba a hacerle la paja al otro, ya sea la pareja o el gallo, qué iban a tener que hacer lo iba a definir el que ganara. Fue uno de los encuentros pajeros más calientes que tuve en mi vida, y se los voy a contar ahora… Para poder seguir mejor, los otros 2 compas se van a llamar Antonio (A) y Bernardo (B).

 

Arrancamos el juego después del sorteo y me tocó a mí ser el primer gallo. La suerte hizo que esa mano la gane yo así que metimos en la mano en el jarrón y saqué la primera prenda. El papelito decía “masajear los muslos” y me encantó la idea. Me saqué los pantalones y quedé con el slip puesto y un bulto que claramente se veía engomado. Me recosté en el sillón y A y B se acercaron, A se puso de costado y B se subió al sillón. Empezaron los masajes cerca de la rodilla, cada uno en una pierna y de a poco iban subiendo más. La sensación de los dedos en mis piernas era hermosa y el cosquilleo que me producía el hecho de que se acercaban cada vez más a mis huevos me hacía poner cada vez más dura la pija. Sentía además que sus manos se cruzaban y rozaban y miré para abajo, justo para ver sus miradas cómplices mientras disfrutaban de mis piernas peludas. Finalmente las manos quedaron a la altura de mis huevos y dedicaron el resto del tiempo a masajear la parte alta de mis cuádriceps, rozándolos sin parar, y yo ya tenía el pito durísimo!

 

Volvimos a la mesa para seguir jugando, yo ya en slip y con un tremendo esfuerzo de concentración para no pajearme ahí mismo, y eso que recién íbamos por los primeros cuatro puntos! Y ya se notaba que la calentura y el morbo eran los que estaban ganando el partido. La siguiente ronda éramos Antonio y yo contra Bernardo. Esta vez las cartas no nos favorecieron y Bernardo fue el ganador. Metió la mano en el frasco y sacó la siguiente prenda, que decía “Agarrar la pija por 10 segundos”. B se paró y se bajó el jogging, quedando en boxers. A y yo nos acercamos y cada uno de un lado bajamos un poco los calzones, dejando al aire la chota de B que ya estaba casi al 100%. Acomodando las manos para poder agarrar los dos, le rodeamos el tronco venoso y duro que se terminó de endurecer en cuestión de segundos nomás. El calor de ese pito en la mano se sentía hermoso. A le preguntó a B si quería que se lo apretemos y él asintió, así que los dos apretamos el agarre del pito de nuestro pajamigo mientras él se contorneaba de placer y felicidad. Por supuesto que todo duró más de los 10 segundos pedidos por la prenda, pero ese pito se sentía hermoso en la mano y ninguno de los dos lo queríamos soltar, y mucho menos él quería que lo largáramos!

La siguiente mano B y yo nos enfrentamos a Antonio y la suerte quiso que le ganásemos por varios puntos. Antonio metió la mano en el frasco sacó el papelito y se rió y dijo “Quién fue el hijo de puta que escribió esto? Hay que ir al baño me parece”. Había sido una prenda escrita por A y decía “Escupir cerveza en la pija mientras el otro se pajea”, así que nos fuimos al baño y B y yo nos sacamos los calzones y las medias y nos metimos en la bañadera, ya los dos con las pijas muy duras. A tenía en su mano una lata y mientras Bernardo y yo nos empezamos a pajear, tomó un buen sorbo de birra, y se acercó a B, que abrió un poco sus patas. Agachando un poco el cuerpo Antonio empezó a escupir cerveza que caía sobre la mano y chota de B que empezó enseguida a disfrutar de la mezcla de frío y gas que se deslizaba por su pito mientras él se pajeaba. Antonio toma otro trago y se acerca a mí, que expectante espero la escupida. Yo nunca me había pajeado con cerveza y ni siquiera se me hubiera ocurrido la idea, pero debo decir que la sensación fue bastante buena. Mientras la cerveza se mezclaba con mis manos alrededor de mi chota vi que A ya había sacado su pito y se estaba pajeando. B lo invita a entrar en la bañadera y A se desviste y entra, B agarró la lata de cerveza y mientras Antonio se pajea Bernardo le tira la cerveza de a poco en la chota “Para que veas lo que se siente” le dijo, y Antonio contestó “Se siente genial!” Nos lavamos un poco en la ducha y salimos, nos pusimos solamente los calzones y volvimos a la mesa.

 

La dinámica del juego nos estaba llevando cerca de las buenas, y a mí me tocaba gallo de nuevo. Las cartas no estuvieron de mi lado esta vez y terminé metiendo mi mano en el frasco para ver lo que me deparaba el destino. El papel decía “pajear durante 10 segundos” y aunque a uno no le gusta perder, yo me puse contento porque la prenda que me tocó hacer me encantaba! Nos paramos los tres y ellos se pararon adelante mío. Metí mi mano por sus calzones y agarré las dos chotas que por la ducha estaban de nuevo en estado gomoso y empecé a pajearlas suave mientas iba sintiendo como se ponían duras entre mis dedos. Bernardo pasó su mano por el hombro de Antonio y lo abrazó mientras ambos disfrutaban de la paja. Los 10 segundos se transformaron en minutos mientras yo recorría arriba y abajo los troncos de mis amigos y ellos disfrutaban. Cada vez que mi puño llegaba a las cabezas de los pitos sentía como el precum se pegaba a mis dedos ayudándolos a deslizarse más fácil por las chotas de mis compañeros que disfrutaban de las caricias. “Basta basta” dijo Antonio, tirando su cadera para atrás y me di cuenta que si seguía se lecheaba encima y no era la idea, todavía quedaba casi medio partido!

 

Antonio ya estaba a dos puntos de pasar a las buenas y esa mano me tocaba jugarla con él. Una parte mía quería ganar para acercarme a las buenas yo también, pero no me quería quedar con las ganas de hacer más prendas. Las cartas no estuvieron de mi lado pero la suerte era así, y perdimos. Bernardo metió la mano en el frasco y sacó el papelito, lo leyó en voz alta “pajear de rodillas” y claramente se estaba amasando la poronga mientras lo leía disfrutando de lo que estaba por venir. A y yo nos paramos y nos acercamos a Bernardo que ya se había parado y se amasaba el bulto por arriba del calzón. Nos arrodillamos los dos y mientras yo agarro la chota por sobre la tela, Antonio le agarra del elástico y empieza a bajarle los boxer, hasta que finalmente la poronga de B queda completamente al aire, dura y apuntando adelante. Lento y sin dejar de mirarla, agarro la pija desde la mitad del tronco y corro mi mano hacia la base, descubriendo de a poco la piel del glande, dejando esa cabeza toda húmeda al aire libre. Veo que Antonio agachado al lado mío se escupe la mano y empieza a pajear la parte delantera del pito de nuestro amigo y yo me ocupo de la base. Bernardo gimió suavemente mientras las dos manos se deslizan por el tronco, la cabeza le entra y sale del prepucio y cada vez está más brillante por la cantidad de precum que le sale. Yo me estaba masajeando la chota pero como no tengo tanto movimiento con la mano con la que lo pajeo, levanto mi mano y le agarro los huevos. Son grandes y peludos y aunque no le cuelgan mucho se sienten muy bien en mi mano y él separa un poco las piernas para que yo pueda meter bien los dedos y acariciarlos. Siento la tensión en el tronco de mi amigo y sus huevos se mueven al ritmo de la caricia de mis dedos, mientras la mano de Antonio sigue exprimiendo el precum de la cabeza de B. Sin pensarlo mucho junto saliva, acerco mi cara a la punta de la chota y la escupo, dejándole la saliva para que la esparza Antonio con sus manos. Los gemidos suaves se transforman en bufidos y exclamaciones pajeras mientras Antonio aprieta la chota y sonríe. Duramos unos segundos más así y finalmente Bernardo pide que paremos, así que volvemos a la mesa.

 

La siguiente mano definió esta parte del partido, porque el gallo Antonio estaba ya muy cerca de pasar a las buenas. Con mi compa jugamos bien pero Antonio había ligado las cartas, así que terminada la mano hicimos la última prenda. Antonio sacó uno de los dos papelitos que quedaba y lo leyó en voz alta con mucha satisfacción. Bernardo y yo nos paramos obedientes y nos acercamos hacia él para cumplir con la prenda “Frot de costado”. “Quién va primero?” preguntó A y Bernardo se adelantó. Se paró frente a Antonio y se giró mirando de costado. Antonio se acercó y le apoyó la pija en la cadera y agarrándolo de la cintura lo apretó. Se podía ver en la cara de A que le resultaba placentero y además morboso. Antonio empezó a moverse y la pija se frotaba contra el cuerpo de Bernardo que no parecía tener problemas, dado lo duro de su poronga. Me acerco a los dos y apoyando mi mano en el culo de Antonio empiezo a empujarlo para que se frote con más fuerte y le pido permiso para agarrarle la pija a Bernardo, pero Antonio se niega “No, él perdió” y se rió. Después de un rato se giró y apuntó directo su pija a mi cuerpo, quedando perfecto de costado. Sentí su pito apoyarse contra mi cuerpo y su gemido me llegó directo al oído. Empecé a sentir como se movía su chota contra mi cuerpo y hasta podía sentir como el precum se pegaba a mi cuerpo. Bombeó un rato en esa posición y después le pidió a Bernardo que se acerque a mí. Nos puso de frente y nos hizo abrazar. “apriétense bien” dijo y yo sentí la chota de Bernardo pegar un espadazo contra la  mía. “no se muevan” dijo Antonio de a poco fue metiendo su poronga en el pequeño hueco que dejaban nuestros cuerpos a la altura de la cintura. Sentía contra mi pija la presión de la de Bernardo y en mi cintura la chota de Antonio que entraba de a poco como si estuviese partiendo una conchita virgen y debo decir que me calenté mucho. Apreté más a Bernardo y apoyé mi cabeza sobre su hombro mientras nuestras chotas se tocaban abajo y la de nuestro amigo nos garchaba por la cintura. Bernardo me agarró de la nuca y me acercó un poco más mientras me respiraba en el cuello, la calentura era tremenda. El momento se interrumpió de repente con Antonio diciendo “si sigo me voy en seco” así que nos reímos y nos volvimos a sentar en la mesa, aunque yo ya sentía esa necesidad de pajearme con Bernardo, ese momento vivido había sido supremo.

 

Ahora si pasábamos a las buenas y las reglas cambiaban, el ganador de cada partida podía decidir lo que quisiera hacer o lo que querría que le hagan los otros dos. La mano la ganó Bernardo y aunque era el que tenía puntaje más bajo, tenía la potestad de pedir que le hiciéramos lo que él quisiera, y el pidió repetir lo que nos había hecho Antonio. A y yo nos paramos frente a frente y pusimos nuestras pijas cruzadas en el medio, apretando los cuerpos. Bernardo se puso de costado, se escupió la pija y la apuntó hacia el centro de la conchita que formábamos con Antonio. De nuevo, la sensación de sentir el pito entrando por ese lugar era hermosa y  novedosa y el morbo que me generaba era muchísimo. “Abrácense y tóquense” ordenó Bernardo. Podía sentir en mi pecho los pelos del pecho de Antonio y en mis manos su musculosa espalda mientras lo acariciaba. Mi mano llegaba al límite de su cola y la apretaba un poco contra mi mientras Bernardo seguía entrando y saliendo suavemente del hueco entre nuestros cuerpos. De repente pude sentir la boca de Antonio apoyarse en mi cuello y lo empezó a besar de a poco. “Dale, bésalo” dijo Bernardo y ahí nomás A abrió un poco los labios para besar mi cuello con la boca más abierta mientras yo sentía al mismo tiempo su pija apoyarse contra la mía y la del otro que aumentaba el ritmo de entrada y salida. Separé un poco nuestros cuerpos y juntando saliva escupí hacia abajo, pegándole a la pija de Antonio, contra la cual empecé a franelear más fuerte la mía, volviendo al abrazo mientras agarraba a Antonio de la nuca y lo volvía a acercar a mi cuello para que lo siga besando. “que lindo verlos así” dijo Bernardo y se separó un poco.

Sin pensarlo mucho, agarré a Antonio de la cadera y empecé a hacer un frot bien profundo y seguimos con esa franela olvidándonos por completo del partido de truco. Mientras nosotros bombeábamos uno contra otro, Bernardo se alejó para mirar mejor sin dejar de pajearse. Pude ver por el rabillo del ojo que pasaba su mano por la chota y se la llevaba a la boca y sentí ganas yo también de comer precum. Separándome un poco de Antonio bajé la mano y agarré la mezcla de jugos de las dos porongas y la llevé a mi boca, disfrutando del dulzor del líquido viscoso. Antonio me miró como pidiendo pero antes de que yo pudiese hacer algo, Bernardo se sacó precum de la punta de la chota y se lo acercó a la boca, sacó la lengua y la pasó por el par de dedos humedecidos que le ofrecía el amigo. Bernardo sacó los dedos y volvió a pasárselos por la punta del pito y me los ofreció a mí, que le comí con muchas ganas.

Antonio se separó de mí y agarrándonos a los dos nos acercó al sillón, y nos hizo sentarnos. Se arrodilló adelante y luego de escupirse ambas manos agarró las dos pijas y las empezó a pajear. Bernardo y yo pasamos una mano por arriba de los hombros y nos dimos un abrazo fraternal mientras mirábamos como nuestro amigo bajaba y subía las manos por nuestras porongas. Mientras veíamos eso Bernardo pone su mano en la parte alta de mi muslo y empieza acariciarme, rozando no muy disimuladamente los huevos, yo lo imité podía sentir el calor de su pierna peluda y la humedad que se junta entre los huevos y los cuádriceps y eso me encantaba. “Pónganse huevo contra huevo” nos dijo Antonio y nosotros obedecimos. Podía sentir las gambas peludas de mi amigo rozarse contra las mías y eso ya era motivo de subir la calentura mucho! Antonio se escupió las manos y agarrando los dos pitos juntos empezó a pajearlos uno contra otro. La sensación de la chota de mi pajamigo frotándose contra la mía y las manos del otro subiendo y bajando todas ensalivadas era hermosa, tenía muchas ganas de largar la leche y lo dije, pero Bernardo pidió que esperemos un poco más.

 

Se paró y se puso frente a Antonio y cruzándose las manos empezaron a pajearse el uno al otro mientras yo me pajeaba mirando desde el sillón, en un momento a las manos se le suman los movimientos de cadera y ahí les pedí que se acerquen. Estiré ambos brazos y poniendo mis manos como si fuesen agujeros les pedí que me cojan los puños. Cerré los dedos para apretarlos bien y que sientan la presión y se ve que eso les gustó porque ambos largaron un gemido largo. Cuando ya pudieron poner las pijas enteras dentro de mis manos, se agarraron mutuamente de la nuca y empezaron a cogerlas mientras se daban ánimo con frases como “dale, garchátela” o “que bien te la cogés hermano” y cuanto más se movían y más se hablaban, más duras se le ponían las pijas. Yo estaba muy caliente, sentía las cabezas de sus chotas entrar y salir de mis manos y no podía dejar de imaginarme las conchitas de sus esposas (yo las conozco a ellas) siendo cogidas por esas porongas. Sentía encima como desde la punta se iban humedeciendo los pitos y me llenaban las manos de precum, haciendo que la sensación resbalosa de las estocadas sea aún más fuerte.

 

Sin soltarle los pitos me paré y me acerqué bien, juntando además mis manos. Ellos retomaron el movimiento y yo podía sentir como las cabezas se chocaban en la unión de mis manos. Por el ritmo de las embestidas y los gemidos graves de mis amigos, estaban muy calientes ya así que redoblé la apuesta y abriendo un poco los puños permití que las pijas avancen más, así que los dos podían sentir como el otro me bombeaba la mano y ese fue el desencadenante. A Bernardo se le puso roja la cara y ahogando un grito dio un par de estocadas profundas y yo empecé a sentir en mi mano los chorros de leche que empezaban a salir y se chorreaban entre mis dedos y para la pija de Antonio que empezó a resbalar con más fuerza por la leche que le lubricaba el agujero de mis manos. Yo podía todavía podía sentir en mis manos las pulsaciones de la pija de Bernardo cuando empezaron los lechazos de Antonio que de los tres fue siempre el que más leche tiraba. Antonio empezó a gritar su polvo mientras los chorros salían de la punta de la chota y se escurrían en mi mano y el pito de nuestro amigo. Parecían litros como se salían por entre mis dedos. Yo estaba muerto de calentura pero esperé paciente a que ambos terminen el polvo y entonces Antonio se sentó en el sillón y señalándose el pecho me dijo “Tirala acá”. No me hice esperar y poniendo una mano llena de leche en mi pija empecé a darle duro hasta que segundos después sentí ese cosquilleo clásico en las piernas y pegué el primer lechazo que cayó en el torso de Antonio, mientras Bernardo ponía su mano sobre mi hombro y me miraba acabar.

Así como estábamos los tres nos tiramos al sillón y nos cagamos de risa. Nos quedamos charlando relajados y después ni siquiera nos dignamos a terminar el partido de truco!

 

Comentarios

  1. Qué historia tan buena, muy caliente, me puso duro a reventar de una.

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