La familia tucumana

 

Nací y viví hasta los 20 años en un pueblito de Tucumán. Ahí nos conocíamos todos, y de hecho la mayoría éramos parientes. No había mucho para hacer después del colegio más que jugar al fútbol y pasar el tiempo con los amigos, y obviamente que en cuanto tuvimos edad, compartir la paja fue una de nuestras actividades favoritas. Nos juntábamos los pibes en grupos grandes, a veces llegábamos a ser como 15, y compartiendo las revistas que encontrábamos nos pajeábamos cada uno en la suya. De nuevo, entre esos 15 estaban mis hermanos, mis primos, y algún que otro amigo del pueblo. Esas pajas eran prácticamente una extensión del resto de las actividades que hacíamos juntos, gritábamos, nos burlábamos, competíamos, nos reíamos mucho. Fue una época hermosa que siempre recordé pero que una vez que me mudé a Mendoza nunca más repetí. Hasta el año pasado.

 

Un día me llamó mi hermano mayor y me avisó que por cuestiones de trabajo iba a venir con nuestro primo Germán durante el fin de semana. Tenían que hacer una instalación durante el sábado y se quedarían el Domingo para pasear un poco y visitarme ya que hacía casi un año que no nos veíamos. Para poner un poco de contexto, mi hermano Agustín es el mayor de cinco hermanos, y yo soy el cuarto. Siempre fue para mí una referencia en la familia, ya que mi viejo por problemas de alcoholismo nunca estuvo presente. Germán no era el mayor de mis primos pero coincidía en edad con Agustín, y desde chiquitos siempre fueron inseparables, cada uno es el padrino del primogénito del otro e incluso son socios en el emprendimiento de energías renovables que tienen hace años.

 

De todos los hermanos Agustín era sin ninguna dudas el más pijón, yo no tenía idea de medidas porque a la edad en la que nos pajeábamos todos juntos no se me había cruzado medirla, pero era evidente que no solo era el más pijón de los cinco hermanos sino también uno de los más pijones en el pueblo. Germán no entraba ni siquiera en la misma categoría, incluso de chico se notaba que tenía un pito descomunal, y ya en las pajas quedaba claro que le sacaba distancia incluso al de Agustín. En esas juntadas, los chicos más grandes y pijudos nos gastaban a los demás Por ser menos avivados y no tan dotados, nos decían Lelos. No fue hasta que tuve mi primera novia que descubrí que no era que yo tenía el pito chico (me mide unos 19 cm) sino que ellos dos estaban en otra liga, digna de actores porno.

 

Llegaron ese viernes bastante tarde y fueron directo al local donde tenían que hacer la instalación al día siguiente y se quedaron a dormir ahí. El sábado como habíamos arreglado, nos encontramos para almorzar y ahí charlamos de todo un poco y finalmente a la noche cuando terminaron de trabajar vinieron a cenar a mi departamento. La cena se extendió hasta casi las dos de la mañana y para cuando terminamos ya habíamos vaciado 4 botellas de vino. Germán y Agustín se turnaron para bañarse mientras yo preparé la habitación para que duerman y el sillón donde dormí yo. Más o menos a las 5 de la mañana me desperté con muchas ganas de hacer pis y fui silencioso hacia el baño, pero no pude evitar escuchar un sonido desde adentro de la habitación, cuando me acerqué, muy bajito y ahogado pero muy reconocible para cualquier pajero se escuchaba el sonido de una porno saliendo desde un celular, y conociendo a ambos asumí que era mi primo Germán dándole al mástil. Con esa imagen en la cabeza me fui a mear, lo cual por supuesto me costó mucho porque entre la erección natural por las ganas de mear y la mental de mi primo pajeándose al lado de mi hermano dormido, para el momento en que tuve que hacer pis mi pito era un garrote. Me encontré muy sorprendidoy caliente por la situación ya que no había pensado en esas pajas desde hacía mucho tiempo, posiblemente desde que había pesado a coger con mis novias y me costó mucho conciliar el sueño, al punto tal que me tuve que clavar una rápida para intentar bajar la pija y poder así dormir. 

 

Al día siguiente me había olvidado por completo de la noche anterior y cuando nos levantamos los llevé a recorrer la ciudad. Para el horario de merendar volvimos al departamento. tomamos unos mates con bizcochos y en un momento mi hermano se levanta y dice que va a empezar a preparar las cosas así no se hacía tan tarde, a lo que Germán contestó “Dale boludo, no nos vamos a ir así nomás!” Y por toda respuesta Agustín le dijo “dejate de joder”. Se podía percibir que la situación era rara pero yo no lograba del todo entender que era lo que estaba pasando. Germán se levantó para ir al baño y casi con alevosía pasó cerca mío haciendo imposible que yo no note como se le marcaba el pito en el pantalón de trabajo. Agustín Salió de la habitación con algo en la mano y me preguntó dónde estaba Germán, yo le señalé el baño y él se quedó como pensativo. Cuando el primo salió del baño y lo vi a mi hermano se sonrió, pero no era una sonrisa normal era una sonrisa que yo ya había visto, esa sonrisa morbosa que ponía en el medio de nuestras pajas cuando hablaba de lo grande de su pito o de los virgos que éramos los más pendejos. Mi hermano lo miró fijo con el rostro serio y Germán le dijo “Dale boludo sumémoslo a este Lelo”. 

 

Yo no entendía bien lo que estaba pasando pero el sobrenombre Lelo solamente lo tenía asociado a una cosa, así que de solo escucharlo mis palpitaciones subieron rápidamente, incluyendo las que llevaban sangre a mi pito que de un momento para el otro ya se había puesto gomoso. Ante el silencio de mi Agustín Germán me miró y dijo mientras se acercaba “Escuchame Lelo, vos tenés alguna buena porno?” La forma en la que subrayó la palabra “buena” en esa frase hizo que mi mente se disparase hasta nuestra adolescencia cuando el hito de nuestras tardes era que alguno de nosotros había una encontrado una revista porno de las buenas. Revistas para pajas siempre teníamos, todos nuestros viejos escondían en la casa las típicas Playboy donde habían mujeres desnudas, pero el entusiasmo que nos daba cuando alguno conseguía una revista donde se veía sexo era incomparable, y Germán me estaba pidiendo eso, una porno que diera pie a una paja espectacular. Instintivamente miré a mi hermano que se encogió de hombros en un gesto que sin dejar de ser ambiguo ya no era condenatorio, si se daba él la seguía. Corrí la vista rápidamente para no caer en la tentación de mirar si mi hermano tenía el pito parado, y al mismo tiempo rogando que él no se diese cuenta que el mío ya estaba duro, porque por la imposibilidad de acomodármelo adelante de ellos seguro apuntaba para cualquier lado y se estaba marcando mucho. 

 

“Algo tengo en la compu” le dije y aproveché para girarme y ponerme de espaldas, mi pito palpitaba bajo mis pantalones y la respiración empezaba a ser entrecortada, en los últimos años había tenido muchas compañeras de cama e incluso había participado de algunos tríos, pero nunca me había puesto así, la mezcla de excitación, nervios y duda ante lo desconocido me estaba atacando con todo. Escuché mi primo hacerle algún comentario a mi Agustín pero no llegué a escuchar lo que le dijo, sólo sé que se rieron, y aunque no puedo explicar por qué, la sensación de que se estaban riendo de mi excitación me puso más caliente todavía. Podía sentirlos detrás mío imaginando que intercambiaban miradas burlonas y risas mientras yo apurado manejaba la computadora buscando entre las porno que tenía guardadas, quería encontrar alguna que sea tan pero tan buena que me haga ganar un lugar de respeto entre los pajeros más experimentados de mi familia. Finalmente encontré un Gang Bang que duraba más de una hora y al cual ya le había dedicado muchas pajas y triunfante gire diciendo “acá está”. Detrás mío mi hermano y mi primo sonreían “Lo pongo en la tele?” mi primo asintió y sin esperar que yo conecte todo los dos se fueron hacia hacia el sillón y se sentaron. “A ver si tiene buen gusto este Lelo” dijo Germán a lo que mi hermano le contestó “Seguro que sí, lo tiene que haber sacado de mi”. Había un cierto dejo de orgullo en la frase, y eso me puso contento, él siempre fue un modelo a seguir para mí y esa frase significaba mucho!

 

Se sentaron un poco separados y con las piernas bien abiertas mientras yo terminaba de conectar la computadora al televisor, di un doble clic, se empezó a ver el video y me encaminé hacia la silla donde estaba sentado antes, pero Germán me interrumpió y me dijo que el Anfitrion se sentaba al medio, mientras golpeaba el espacio que quedaba entre él y mi hermano. Me senté justo cuando estaban terminando los títulos y apareció la tremenda rubia que iba a bancarse el Gang Bang. “Upa” dijo Germán “la putita ya está aprobada”. “qué te dije?” Le contestó Agustín. Los siguientes minutos transcurrieron en silencio mientras la MILF de tetas operadas se abría la conchita y se acariciaba los labios. A mi izquierda mi primo ya amasaba una erección inmensa con ambas manos, y a mi derecha aunque apenas me animé a mirar de reojo, mi hermano estaba quiero pero claramente abultado. 

 

De a poco empiezaron a entrar en pantalla los actores, revelando una de las razones por las cuales me gustaba tanto este clip, a diferencia de la mayoría de los Gang Bang acá los actores no estaban desvestidos, algunos tenían el pantalón puesto y otros estaban directamente en boxer o slip, unos 12 o 13 machos que se pusieron alrededor de la puta de turno mientras ella se relamía y no paraba de tocarse. En la pantalla todos los tipos se estaban amasando y en mi Living solo se animaba mi primo, yo me moría de ganas pero no quería hacerlo antes que Agustín, como si necesitase su permiso para hacerlo. De a poco la rubia tetona fue sacando afuera todos los pitos de la escena, chupaba uno y pajeaba dos, mientras el resto de los actores se estaban cascando mientras miraban. A mi izquierda mi primo apretaba con fuerza su poronga y yo sentía la mía palpitando, pero Agustía no hacía nada y yo no me animaba tampoco. Sin mediar palabra Germán estiró su mano derecha y me agarró el bulto duro por arriba del pantalón “Y? Qué es lo que estás esperando si ya está recontra dura?” Me reí con timidez y bajé mi mano para empezar a amasarme. “Y vos galán?” (Yo me había olvidado que toda la vida mi Primo le había dicho galán a mi hermano, cuando yo era chico mucho no lo entendía pero ya de grande pude ver que mi hermano tenía la jeta, el físico y la poronga digna de un modelo). “Qué esperás? no me hagas ir para ahí porque sabes que voy”… “Tranca” le contestó Agustín y se dignó finalmente a amasarse el bulto por arriba del pantalón. Ahí va queriendo dijo Agustín y volvió a concentrarse en la película y su propio bulto.

 

El primero de los actores ya estaba metiéndole la pija en la concha a la actriz y la excitación se veía clara en el grupo, mientras que lo mismo pasaba en mi departamento. Agustín se levantó y dijo “Bueno, primero voy yo” y sin mediar palabras se desabrochó el pantalón y lo bajó al mismo tiempo que su calzoncillo, tan rápido que no pude ver si tenía boxer o slip. Adelante mío estaba, después de tantos años, el choto más grande que había visto en mi vida, y el más grande que vi hasta el día de la fecha. No puedo calcular la medida, pero teniendo en cuenta como quedaba agarrado por su mano, fácil medía dos puños más que mis 19 cm. “Qué opinas galán?, vas vos o lo dejamos al Lelo?” Por toda respuesta mi hermano se incorporó y desabrochándose el pantalón se lo bajó hasta la rodillas. Tenía un slip Amarillo que apenas podía contener el pito de mi hermano, y en el lugar donde estaba la cabeza había un manchón de humedad admirable. Agustín atinó a querer sentarse y mi primo lo freno tajantemente, al mismo tiempo que con la mano le gesticuló para que mi hermano se acerque a él. Agustín quedó parado justo adelante mío y yo aunque me moría de vergüenza no podía sacar la vista del bulto en el slip, El primo estiró los brazos y agarrando la ropa interior de cada lado se le bajó, dejando al descubierto otra poronga que hacía muchos años que yo no veía. 

 

La memoria me había jugado una mala pasada porque en mi cabeza la diferencia entre el pito de uno y otro era inmensa, pero viéndolas ahora, quedaba claro que mi primo apenas le sacaba unos 3 cm de diferencia, lo cual lo dejaba 5 o 6 cm por arriba de la mía. Pero lo más sorprendente era el ancho de mi hermano, particularmente en la base hubiese sido imposible cerrar el puño alrededor de ese tronco. “Qué grande mi primo” dijo Germán y mirándome fijo reformuló la frase “Tremendo el hermano que te mandaste”. Apuntando directo hacia delante mio, desde la punta de la pija de Agustín se vio brotar un hilo clarito y viscosa, ver eso despertó un deseo que nunca había sentido ya que ni siquiera había probado mi propio líquido preseminal.

 

Agustín se sentó nuevamente al lado mío y mientras ambos empiezan acariciar suavemente sus pitos me miran, y yo entiendo que está claro que este es el momento donde pelo yo. Instintivamente me pongo mirando la tele y me empiezo a desabrochar el jean, pero Agustín me interrumpió “Date vuelta Lelo, esto se lo mostrás a tus compás”. Obedecí sin problemas y desabrochando mi pantalón lo bajé al mismo tiempo que el calzoncillo tal como había hecho mi primo, dejando al desnudo la erección que cargaba. “Mira que bien viene el Lelo” dijo Germán al mismo tiempo que cacheteaba mi pito parado “Y bien duro lo tiene, se ve que eso también se lleva en la sangre” y se cagó de risa, Agustín respondió con una sonrisa y me miró, guiñándome un ojo. Me acomodé nuevamente en el medio de ellos y seguimos viendo el Gang Bang que ya estaba pleno, al igual que nuestras pijas. Casi como tratando de evitar mirar la chota de mi hermano, desvíe mi mirada hacia la de mi primo, un mástil, un palo duro y recto que si me hubiese dicho que llegaba a los 30 cm le hubiese creído Tenía además un prepucio muy grueso, cuando su mano subía y bajaba parecía como si una lámina de cartón cubría y descubría la cabeza húmeda. “Impone respeto, no?” me dijo Agustín, y el comentario me agarró de sorpresa. Giré la cabeza asintiendo y no pude evitar bajar la vista a la de mi hermano. Era como la versión en negativo del pito de Germán, rosada y con una piel casi transparente. Agustín subía y bajaba la mano agarrando desde la base con lo cual el prepucio apenas llegaba a descubrir poco más que el agujero de la punta, la cabeza gorda quedaba cubierta casi por completo. Pasé mi vista de una a otra y luego a la pantalla. Me pareció increíble el detalle de qué incluso algunos actores de la porno no tenían la poronga que estos dos cargaban.

 

Cada uno a mi lado, Germán y Agustín subían y bajaban las manos disfrutando del placer que les daban a sus pitos y yo los imite, aunque la situación me daba mucho morbo así como estábamos, cada vez se volvía más fuerte adentro mío el deseo de estirar mis brazos hacia los costados y agarrar la poronga de mi primo y mi hermano. como si me hubiese leído la mente, Germán dijo “Y Lelo, querés ver lo que se siente esta en la mano?” mientras apoyaba la mano arriba de mi muslo. Mi instinto fue estirar inmediatamente el brazo pero decidí ser cauteloso más que nada por timidez. Como si hubiese presentido eso, Agustín puso su mano sobre mi otra pierna y dijo “Está todo bien hermanito si no querés no lo hacés, pero si querés no te quedes con las ganas”. Su validación fue suficiente y estiré mi mano para agarrar la poronga que tenía a mi izquierda. La sensación de tener tanta carne dura en la mano fue hermosa, la piel que le cubría era tan grande que aun subiendo y bajando la mano podía recorrer gran parte de su largo. Germán se tiró para atrás y estirando ambas manos en el respaldo de sillón abrió bien de piernas para disfrutar de mi toque. Mi mano no llegaba a cubrir ni 1/3 del tamaño, era realmente como mirar una película porno, Agustín se levantó y pasando por adelante nuestro se sentó del otro lado de nuestro primo, sin decir nada estiró su mano y la cerró justo arriba de la mía, ayudándome a agarrar el tronco que todavía sobresalía como 10 cm por arriba de ambos puños. “Qué bien eso, a ver los hermanos como se coordinan para ayudarme” dijo Germán y sentí su mano derecha apoyarse sobre mi hombro como un abrazo cariñoso, levante la vista y vi que había hecho lo propio con Agustín quese mostraba muy cómodo con toda la situación.

 

Nuestras manos se movían al unísono mientras la cabeza del mástil se cubría y se descubría, revelando cada vez más humedad. Sentí una leve presión en mi hombro e instintivamente la resistí, y de inmediato escuché a mi hermano decir “No, eso él no” y acto seguido, empujado por la mano que mi primo tenía en su hombro, mi hermano inclinó la cabeza para adelante. Mi primo levantó la pierna y mi hermano enterró la nariz entre sus huevos y los muslos y pude escuchar como inspiraba una gran bocanada de lo que solo podía ser olor a bolas. Yo nunca había hecho eso ni había pensado en la posibilidad de hacerlo, pero ver a mi hermano mayor en esa posición me llenó de morbo y me volví consciente de mi otra mano que empezó a apretar más mi pija y moverse más apuradamente. Cuanto más hundía su nariz Agustín, más levantada su pierna mi primo, se notaba que era un juego al que estaban acostumbrados los dos y que ambos estaban disfrutando. Finalmente mi hermano se levantó y se paró adelante del sillón justo frente a German. Cómo obedeciendo una orden, el primo estiró la mano y agarró la poronga que le había sido ofrecida. Aunque el ancho exagerado del pito de mi hermano ya había sido obvio desde el momento en que la vi, ver la gigantesca mano de Germán que no podía cerrarse alrededor del tronco de mi hermano fue un espectáculo casi sureal, Tanto que sin tener siquiera tiempo para reflexionar lo que hacía, yo también estiré mi mano y cruzando todos los límites agarré el pito de mi hermano. Fue obvio que Agustín no se lo esperaba y temiendo que me obligue a sacar la mano, empecé a moverla adelante y atrás friccionando con fuerza y sólo con ese movimiento cualquier intención que había tenido de sacar mi mano mi hermano de sacarme la mano fue borrada, mientras por el placer sus rodillas se flexionaron y tensionaron. “Bien Lelo, así se hace”, dijo mi primo que empezó a imitar mis movimientos. Mi hermano mientras tanto empezó a mover sus caderas y la hasta hora oculta cabeza de su pito empezó a sobresalir un poco más. Germán frenó el movimiento de su mano y le cedió todo el poder Agustín que empezó a dar estocadas duras mientras que ni mi primo ni yo podíamos terminar de cerrar los puños alrededor de su pija, y con cada estocada la piel se corría un poco más dejando al descubierto una cabeza que por increíble que fuese parecía aún más gorda que el tronco mismo. 

 

“Vení” dijo Germán y levantándose invito a mi hermano a sentarse en el sillón y sin más preámbulos le levantó las piernas y tal como había hecho mi hermano sumergió su nariz en los huevos. Como si estuviesen coordinados ambos largaron un fuerte suspiro, al mismo tiempo que primo lo acompañó de la frase “Que rico huele esto” mientras le clavaba la mirada en los ojos a mi hermano. “Puedo?” le preguntó y mi hermano luego de quedarse dudando un segundo me miró y me preguntó “Te jode?” Yo no sabía de qué me estaba hablando pero quería dejarlos que fluyan en ese juego que claramente tanto les gustaba así que les di el visto bueno. Germán sumergió aún más cabeza y pude sentir el ruido de su boca abriéndose y salivando, yo había visto varias veces en las películas porno actores chuparle la cola a una mina y alguna que otra vez lo inverso, pero nunca había visto dos hombres en eso. Movido un poco por la intriga pero mucho más por la calentura, me incliné hacia adelante para ver todo con lujo de detalles. La lengua de Germán se habría paso entre los pelos y los cachetes de mi hermano mientras le lamía el perineo y la respiración de mi hermano se iba haciendo cada vez más profunda, hasta que finalmente mi primo de un pequeño movimiento levantó apenas las rodillas de mi hermano y su lengua pasó a estar en contacto directo con la cola. Como si hubiese apretado un interruptor, mi hermano arqueó la espalda y mandó un gemido profundo al mismo tiempo que buscando con su mano encontró mi pito el cual apretó con ganas. Parecía que mi primo no comía hace días, hundía su cara bajo los huevos gigantes de Agustín que gemía cada vez más fuerte. Finalmente Germán saca la cabeza mostrando una sonrisa digna de un degenerado y mirándolo a Agustín le dijo “cada día más rico”.

 

Mi hermano se levantó y acercándose al primo lo agarra de las caderas y lo apretó contra su cuerpo. Los dos pitos sobresalían por el costado entre sus caderas mientras ambos se movían en un frot desenfrenado. Mientras yo miraba como hipnotizado como los troncos se frotaban uno contra el otro no me di cuenta que ellos dos me estaban mirando a mí. Cuando se separaron Germán me dijo que me acerque y mientras Agustín se sentó en el sillón nuevamente, mi primo me agarró sin darme posibilidad a nada y me acerco violentamente a él, pude sentir la presión casi dolorosa de su poronga gigante al apretarse contra mi panza y enseguida sentí como comenzaron sus bombeos. No sé si era mi inexperiencia o la calentura pero a esta altura yo ya estaba haciendo mucha fuerza para no acabar y desviaba mis ojos de la lasciva mirada de mi primo que me arengaba con frases como “a ver cómo te la bancás Lelo”.

 

Corrí la mirada para encontrarme a Agustín abierto de patas recorriendo lentamente todo el largo de su poronga mientras miraba como nuestro primo me bombeaba. Cuando nuestras miradas se cruzaron solamente me sonrió y me guiñó un ojo y su complicidad me hizo volver a la realidad de la paja, con lo que tuve que hacer un rápido movimiento hacia atrás para evitar que con las últimas estocadas Germán me hiciera saltar toda la leche. “Pará pará” le dije en un tono que claramente reconoció porque mirando a Agustín le dijo “Me parece que el Lelo casi se nos va en seco” a lo que mi hermano respondió riéndose.

 

Aprovechemos para mear dijo Agustín mientras se levantaba, y Germán asintió diciendo que él también tenía ganas. “Vos Lelo? Tenés ganas de mear?” Yo no me había dado cuenta por la calentura pero era así, tanta franela y tanto morbo habían acumulado muchas ganas de ir al baño, así que asentí. En mi cabeza de principiante pensé que íbamos a turnarnos pero Germán y Agustín encararon para el baño al mismo tiempo, yo conociendo la disposición del inodoro y el lavamanos me quedé donde estaba porque los tres no íbamos a entrar, nuevamente un error de principiante. Germán giró y me dijo “Dale boludo, qué esperás?” Ante mí falta de reacción me increpó con un “Vení!” Y así me decidí y los alcancé. Como si fuese lo más natural del mundo mi hermano se terminó de sacar el calzón, corrió la cortina y entró en la bañadera, seguido por Germán que hizo lo mismo. Yo todavía sin estar muy seguro de qué iba a pasar los copié. Ya todos dentro de la bañadera mi primo corrió la cortina y yo ingenuamente pregunté si íbamos a mear ahí, Germán se cagó de risa pero me respondió Agustín con tono paternal “y claro, con lo duras que están si intentamos embocarle al inodoro vamos a dejar todo hecho un asco”. 

 

Agustín tenía razón, de hecho era claro que a los tres nos estaba costando empezar a mear, hasta que finalmente mi hermano avisó que él ya estaba por arrancar, y la respuesta de Germán fue estirar la mano y agarrarle el pito guiándolo un poco para abajo. El chorro de meo empezó a salir medio tímido pero inmediatamente tomo fuerza, cayendo directamente sobre las piernas del primo que lo celebró como si Agustín hubiese metido un gol. El líquido salía con impulso mientras Agustín hacía fuerza bajando y subiendo sus piernas y Germán mientras tanto modificada el lugar hacia donde apuntaba el chorro, paso de sus piernas a sus huevos y también a su propia pija, que a los pocos segundos de recibir el chorro de frente empezó a tirar el suyo propio. “Agarrámelo” dijo Germán y yo obedecí, el pito de mi primo parecía aún más duro que antes mientras él lo empujaba hacia delante para que el chorro salga lo más lejos posible, mientras los chorros de ambos se cruzaban en el aire los dos se cagaban de risa como si fuesen nenes y como si lo hubiesen coreografiado se giraron para mearme a mí también. La sensación fue rarísima, sentía mucho asco y mucho morbo al mismo tiempo y mientras sentía el líquido caliente chorrear por mis piernas, hice todo el esfuerzo posible y empecé a mear yo también, lo cual fue recibido por ambos nuevamente con exclamaciones de triunfo. 

 

Cuando ya no quedaba más pis para sacar de ninguno de los pitos, Agustín agarró el duchador de mano y empezó a limpiarnos a los tres. Germán salió de la bañadera primero y se secó rápidamente pasándole el toallón a Agustín, que hizo lo mismo pero después en lugar de pasarme el toallón lo estiró y empezó a secarme con sus propias manos, quedándose un poco detenido cuando llegó a mi pito, el cual apretó suavemente mientras me dedicaba una sonrisa cómplice. Más allá de la sensación placentera, el gesto me pareció más tierno que erótico y por primera vez en mucho tiempo me sentí muy unido a mi hermano mayor. Agustín y yo salimos al comedor donde mi primo ya estaba con una copa de vino en la mano y el pito que no estaba duro del todo todavía sostenía ese tamaño tan imponente. “Y Lelo? Cómo te ves para entrar en las grandes ligas?” Dijo Germán. Yo no entendí del todo a qué se refería, pero me dejé llevar por cualquier cosa que pudiesen proponer. Germán vino hacia nosotros dos y agarrando un pito en cada mano nos empezó a estimular, y con un leve movimiento giró nuestros cuerpos para que quedemos enfrentados. No necesité mirar para sentir la presión del pito de mi hermano apoyado contra el mío mientras nuestro primo nos pajeaba, mi vista estaba tímidamente clavada en el pecho de Agustín y creo que él sintió mi timidez porque apoyó afectuosamente una mano sobre mi hombro y lo apretó un poco, esa actitud hizo que yo levante la cabeza y lo vea a los ojos, él me devolvió la mirada y nuevamente con una sonrisa tierna y cómplice me me tranquilizó al mismo tiempo que me preguntó si estaba bien, yo respondí con un gesto de mi cabeza que sí y me relaje disfrutando de las caricias que mi primo me estaba haciendo en el pito. “Dale una mano” dijo Germán y aunque inicialmente pensé que me estaba hablando a mí, quedó claro de inmediato que estaba hablando con Agustín quien estiró su mano y me agarró la poronga sin sacar su otra mano de mi hombro. Fue en ese momento que me di cuenta que desde hacía ya un rato estaba con muchas ganas de agarrarle la pija a él, y mirándolo fijo a los ojos le pregunté simplemente “Puedo?” a lo que el simplemente sonrío. Estiré mi mano para agarrar ese pito gordo y duro y suavemente fui moviendo mi mano mientras lo escuchaba gemir. “Ésa!, qué lindo esto” dijo mi primo mientras retrocedía y con ambas manos se pajeaba lentamente.

 

“A ver, junten las cabezas” dijo Germán y automáticamente Agustín se acomodó para que nuestros pitos queden enfrentados y cerca, no exagero cuando digo que la cabeza de su chota medía casi el doble de ancho que la mía, pero yo le estaba ganando en cantidad de líquido pre seminal, él apoyó la cabeza de su pija contra la mía y el líquido viscoso se unió, generando un hilo que nos conectaba cada vez que las cabezas se separaban. “Bien ahí bien ahí” iba alentado mi primo hasta que finalmente se acercó a nosotros y agarrando ambos pitos empezó a refrescarnos las cabezas una contra otra, el placer que sentía yo al sentir mi frenillo estimulado por la esa cabezota era enorme, y sentía que mi excitación estaba llegando al límite. Germán con sus manos juntaba el precum y lo esparcía por nuestros troncos mientras hacía que nuestras pijas espadeen cada vez con más fuerza. “Pará por favor que voy a acabar sino” le dije con la voz entrecortada, Germán miró a mi hermano y le dijo “qué te parece? Lo dejamos irse en seco al Lelo?” Y mi hermano le contestó que sí “bastante bien estuvo para la primera vez”.

 

Germán se acercó un poco más y acercando apenas su cara generó un hilo de saliva que cayó casi en el centro donde nuestros pitos se unían y después continúa con el movimiento de la paja haciendo que mi pito se frote contra el de Agustín. Tardé muy poco en sentir que llegaba al punto sin retorno, y en cuanto sentí que se me venía les avisé, pensando por alguna razón que mi primo me iba a soltar el pito y yo iba a acabar pajeándome. Sin embargo él aumentó la presión y el frote y mi hermano bajó la vista hacia nuestras chotas.

No soy de los que acaban con chorros muy fuertes así que cuando arrancó el orgasmo empezó a brotar el líquido blanco y espeso por la punta de mi pito, cosa que Germán empezó a festejar “bien Lelo!, dale, dale!” me empezó a decir mientras mi leche chorreaba desde la punta de mi pija y caía sobre la enorme cabeza de la de Agustín y se empezaba a deslizar por su tronco mientras la mano de mi primo se la esparcía pajeándolo. A medida que avanzaba mi orgasmo el placer parecía aumentar y cuando dejó de salir la leche y pude empezar a calmarme noté que la mano de mi hermano se había movido de mi hombro hacia mi espalda y me estaba abrazando con más fuerza. Mirando hacia abajo pude comprobar que Agustín tenía toda la pija manchada con mi leche y que la mano de mi primo continuaba esparciéndola.

 

Luego de felicitarme mi primo me llevó al sillón y dijo “Ahora te toca a vos” mientras me obligó a sentarme en el borde. Se pararon cada uno a cada lado, y se pasaron los brazos por arriba de la espalda del otro, agarrándose en un abrazo de hombros mientras con la otra mano se pajeaban las tremendas porongas tucumanas que cargaban. Mi primo empezó a respirar agitado y Agustín por primera vez en toda la paja se puso autoritario con él y le dijo “No, para, me esperas a mí”. Germán ni siquiera contestó, bajó el ritmo de su mano y lo miró, Agustín giró la cabeza y miró a mi primo a los ojos y empezó a apurar el ritmo, mientras yo desde abajo veía la mirada de uno clavado en el otro y entendía esa complicidad que solamente años de compartir la paja les podría haber dado. 

 

“Ahora sí, ya estoy” dijo Agustín y Germán retomó el ritmo de su paja. Sus respiraciones se iban volviendo cada vez más agitadas y cuando ya se transformaron en gemido los dos como si lo hubiesen coordinado tiraron su cabeza adelante y apoyaron la frente del uno en la frente del otro. El primer disparo vino de la chota de mi primo, espesa y blanca saltó hacia mi pecho mientras él se desgarraba en un grito de placer, seguido por un gemido fuerte de mi hermano que anticipaba que estaba por acabar también, y mientras el segundo disparo de mi primo cae sobre mi pecho de la punta de la pija de Agustín sale un chorro líquido casi transparente con una potencia tremenda que choca contra mi pecho haciendo ruido, su gemido se transforma inmediatamente en un gruñido potente y ambos siguen tirándome leche por unos cuantos segundos. Yo siento el líquido espeso resbalarse por mi pecho y mi panza mientras hipnotizado paso la mirada de sus pitos a sus caras transpiradas de placer. 

 

Germán se fue para el baño al traer unas toallas y Agustín se sentó al lado mío, puso una mano sobre mi pierna y mirándome un poco serio me preguntó si estaba bien, a lo cual yo respondí todavía agitado que sí, y ahí se sonrió y dijo “Me alegro, estas son cosas lindas para compartir y me gusta que a partir de ahora las podamos compartir con vos también”.

 

Y así fue, desde ese día no sólo Germán y Agustín vinieron varias veces a visitarme a Mendoza, sino que algunas veces mi hermano vino solo, para charlar más tranquilos y tener momentos de complicidad juntos. 

 

Comentarios

  1. uff tremendoo, unas ganas de leer más relatos así con tus fliares

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  2. Que hermosa paja me acabo de clavar con semejante relato. Uno de los que más morbo me generó.

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  3. Uffff lo que me calentó este relato! El mejor, me gustaría leer más.

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