Un viejo nuevo amigo.

 

Esto que voy a contar pasó el anteaño pasado, a mis 35 años.

 

Esta es mi historia pero también es la historia de Mariano un vecino de mi pueblo con el que compartí escuela hasta tercer año de secundaria, 10 años de convivencia en el salón de clases que se hicieron cada vez más inaguantables para mí. Mariano jugaba al fútbol desde chiquito y de adolescente además de destacarse en ese deporte era figura clave en el equipo de rugby del club de mi pueblo. Él me había hecho la vida imposible en los últimos años de primaria pero realmente se había vuelto un pibe muy agresivo cuando entramos al secundario y se empezó a rodear de sus compañeros rugbiers. 

 

Los años me terminaron demostrando que todo ese acting exagerado por demostrar quién era el más macho no tenían nunca relato con la realidad, charlando con muchos amigos terminé dándome cuenta que yo debuté antes que la mayoría de ellos, que tuve más novias y mejores relaciones que los demás, y que en líneas generales tenía el pito muy muy por arriba del tamaño de la media. De todas maneras, no fue hasta que pasé los 30 que me pude reencontrar con Mariano porque él y su familia se habían ido a vivir al sur después del secundario.

 

Estaba un día Caminando por Mar Del Plata donde vivo y lo vi venir. Quedaba poco del atleta joven y vigoroso que era a los 20 años, pero todavía se podía distinguir la facha que tenía y ese aire de canchero que tanto lo destacaba. No estaba seguro de si él me reconocería pero yo iba dispuesto a saludarlo, Mis años de vergüenza habían quedado atrás y reencontrarme con él también implicaba un cierre a todo ese proceso de sanación. Por suerte cuando estábamos a 10 metros el uno del otro, Mariano se sonrió, dándome una clara demostración de que me había reconocido. 

 

Lo que pensé que iba a ser un saludo normal fue un abrazo efusivo por su parte. “Qué lindo verte”, “cuánto tiempo hace”, “qué lindos recuerdos” y otro montón de frases que brotaban de su boca una atrás de la otra mientras pasábamos del abrazo a las manos en el hombro y a la cachetada cariñosa y suave en las mejillas. Mientras conversamos nos repetimos una y otra vez las clásicas preguntas de Qué es de tu vida y finalmente la conversación empezó a variar. Ambos estábamos recientemente casados y eso nos dio tema de conversación por un rato, hasta que finalmente él me preguntó si estaba apurado y como yo dije que no me ofreció de ir a tomar algo para charlar tranquilos. Empezamos a caminar y cuando llevábamos un par de cuadras y yo pensé que estábamos yendo hacia uno de los bares que están cerca de una plaza, se frenó en la puerta de un edificio, “acá es mi oficina” me dijo y sin más introducción abrió la puerta. Entramos por un pasillo y en uno de los departamentos del fondo introdujo la llave y abrió. El espacio estaba casi vacío, excepto por algunos carteles y un par de escritorios con computadoras. Me contó que se dedicaba el diseño gráfico y me mostró alguna de las cosas que había estado haciendo en los últimos tiempos, hasta que finalmente se disculpó por hablar tanto de él y me ofreció algo de tomar se fue hacia el espacio de la cocina y volvió con un par de cafés que puso sobre uno de los escritorios y nos sentamos en los sillones enfrentados.

 

En el momento no reconocí la señales pero ahora las puedo ver claras. Mariano se sentó de piernas bien abiertas con una mano apoyada en su muslo apuntando directamente a mí y rápidamente la conversación dio un giro que no esperaba. “Hace rato que pienso que tengo ganas de que nos crucemos, siempre pienso en lo mal que te trate de chicos y me genera mucha culpa”. Con todo el tiempo que había pasado desde que nos habíamos encontrado yo pensé que esa conversación ya estaba saldada, y sin embargo para él era importante tenerla, así que lo dejé hablar “con el tiempo entendí que todo esa agresión que yo tenía era parte envidia y en parte torpeza de no saber cómo acercarme para ser amigo tuyo”. “Envidia?” “Sí, vos eras todo lo que todos queríamos ser, fachero, atlético, y encima ya tenías el pito desarrollado cuando todos recién estábamos empezando a crecer”. La frase me tomó absolutamente por sorpresa, nunca me había percibido como esa persona que él estaba relatando, mucho menos me imaginaba que pudiese decirlo en plural, como si fuese algo que charlaban entre todos. Quería contestar algo pero estaba mudo, no sabía cómo reaccionar. Opté por un genérico “ya fue, eso quedó en el pasado”, a lo cual él contestó “sí, puede ser, pero eso no significa que yo me sienta orgulloso al respecto”. Después de esa frase el silencio no se estiró mucho, el miraba hacia el piso cuando volvió a hablar “Creo que parte de lo que se sentía como una agresión tenía que ver con nuestras propias inseguridades”,

 

La intriga pudo más que cualquier otra cosa y entonces lo interrumpí. “Porque estás hablando en plural?” “Bueno, era algo lo que hablábamos todos cuando nos juntábamos”. Había algo en su mirada cuando hablaba que me empezaba a resonar. Habiendo sido miembro de un equipo de Natación obviamente había compartido pajas muchas veces con mis compañeros, y algo de todo eso en este momento estaba apareciendo en mi cabeza. “A qué te referís con cuando se juntaban?” “Cuando nos juntábamos, sabes lo que me refiero…” “No, no estoy seguro de saber a qué te referís”. La comisura de sus labios esbozó una sonrisa y en los ojos pareció el recuerdo de aquellos momentos cuando me dijo “cuando nos juntábamos a pajearnos”. A esa altura la frase ya no me sorprendió, y al mismo tiempo parte de mí quedó bloqueado por esa respuesta. O a lo mejor no fue la respuesta sino la forma en la que lo dijo . Era mi imaginación o estaba gestando una invitación a que lo hagamos? Todos los pajeros conocemos esa sensación física cuando el morbo hace que se nos empiece a poner gomoso el pito, ese cosquilleo apenas perceptible que acompaña al pito desacomodándose en el calzón, y eso estaba pasándome en ese momento.

 

“Y se juntaba mucho?” pregunté y ahí su sonrisa tímida se transformó en sonrisa completa, Mariano sabía que yo había pisado el palito y que al seguir la conversación le estaba dando pie. “No sé si mucho, pero nos juntábamos, y era como si estuvieses ahí, nunca faltaba la parte de la paja en la que conversábamos de tu pija” dijo mientras deslizaba la mano más cerca de su entrepierna. “No sé si me hubiese animado a ir” le contesté, “Y ahora? Te animarías?” “Ahora que sé que hay buena onda? Sí”. Cómo reacción inmediata su mano se dirigió directamente a la entrepierna y mientras empezó a rozarse suavemente por arriba del pantalón dijo “Voy a ser la envidia de todos los del curso”. Así enfrentados como estábamos yo lo imite y abrí las piernas, podía sentir mi pito gomoso palpitando cada vez más fuerte y mientras sus caricias pasaron a ser una recorrida por su bulto yo llevé mi mano al mío y empecé acariciarlo también.

 

Sus ojos se iban moviendo ida y vuelta entre los míos y mi entrepierna, y la presión de sus manos era cada vez más fuerte. Bajé la mirada y por primera vez pude distinguir el bulto en su pantalón. Tenía el tronco bien marcado y su mano lo recorría de arriba abajo, levanté la mirada y cuando me crucé con sus ojos se sonrío con satisfacción. “Se te está poniendo duro” me dijo y yo asentí con la cabeza.

 

“Después de tantos años de pensar cómo sería, por fin voy a ver esa poronga” dijo mientras se incorporaba para bajarse los pantalones. En lugar del calzoncillo tenía una especie de Short de lycra celeste claro en el cual se marcaba el bulto bien duro, y donde ya se veía un manchón de líquido preseminal. Con los pies se sacó los zapatos y sacándose el pantalón se volvió a sentar . “Dale” me dijo y yo sin decir media palabra me incorporé. Tenía el pito muy desacomodado y ya en esa posición se notaba un montón el tamaño y la erección. Sus ojos estaban clavados ahí y su cara denotaba ansiedad y morbo todo al mismo tiempo. Me desabroche el cinturón y el pantalón, me saqué las zapatillas bruscamente como 0había hecho él y empecé a bajarme el lompa. “Fua!” exclamó casi en un grito “mirá lo que es eso!” Mi pito estaba durísimo y como mi calzón no ajustaba como el de él, apuntaba para cualquier lado pero muy notoriamente. Yo me estaba por sentar cuando me dijo “No, esperá, tengo que sentir eso”. Se incorporó y se acercó hacia mí estirando la mano hacia mi bulto y apretándolo suavemente, de su boca simplemente salió un bufido bien grueso cargado, gutural y contenido durante años. Sus dedos se transformaron en mano y agarró mi tronco por arriba del calzón mientras me acercó hacia él.

 

Sentir su respiración bien cerca y su mano recorriendo mi tronco de arriba abajo me puso muy caliente. “Por favor déjame ver eso” me dijo y yo asentí con la cabeza . Dio un paso hacia atrás, con las manos agarró mi boxer flojo, y lo empezó a bajar mientras se arrodillaba y de repente mis 21 centímetros le quedaron delante de la cara. Volvió a gemir guturalmente “No papá!, mira lo que es esta bestia!” y agarrándome el tronco empezó a mover mi prepucio adelante y atrás cubriendo y descubriendo mi cabeza mientras con la otra mano se acariciaba propia pija por arriba del calzón. Pasaron apenas unos segundos de ese movimientos y de la punta de mi pito empezaron a salir algunas gotas de precum, sin frenar mucho el movimiento solamente con el dedo pulgar las agarró y le empezó a pasar por mi frenillo. Qué placer que estaba sintiendo! Se me doblaban las piernas no solo por lo que sentía sino porque cuando miraba hacia abajo veía a ese macho que siempre había sido mi referente de hombría y dominación y que ahora estaba fanatizado y fascinado con mi pija a la cual no dejaba de tocar, mirar, y halagar.

 

Mirando hacia abajo pude ver su pulgar agarrando una nueva tanda de precum, pero esta vez Mariano me soltó la pija y se llevó el dedo a la boca mientras debajo se veía su mano pasando para dentro de su calzoncillo y agarrándose la chota,luego de saborear, terminó de bajarme el calzoncillo,  me lo sacó, y se incorporó bajándose torpemente el suyo como podía. “Que poronga tenés hijo de puta” me dijo mientras me la agarraba de nuevo, yo le sonreí y estiré mi mano para agarrarle el pito, el palo más duro que había tocado en mi vida, podía sentir las venas en mis manos y dedos, y cada curvatura de su tronco. “Uh, la puta madre” dice Mariano mientras me agarra más fuerte el pito y empieza a bombear en mi mano, yo le sigo el juego y empiezo a mover mi pito en la suya mientras él me susurra al oído una y otra vez la palabra “boludo” en un tono que iba entre suspiro y gemido.

 

Estuvimos un rato así hasta que nos separamos un poco para sacarnos la remera y luego como si nada volvimos a estirar nuestras manos para agarrar el pito del compañero. Sin soltármela, Mariano estira su cabeza y la hunde en mi axila, yo levanto instintivamente el brazo y el sumerge su nariz y empieza a oler fuertemente. Nunca nadie me había hecho eso y aunque los primeros segundos fueron incómodos la desesperación con la que él lo hacía me terminó morboseando mucho, a tal punto que cuando él sacó la lengua y empezó a lamerme los pelos del sobaco yo ya estaba tan entregado que ni siquiera me sorprendió. De la axila empezó a bajar y cuando llegó a mi tetilla ahí fue cuando la cosa se puso definitivamente caliente. A mí me gusta mucho que me jueguen con las tetillas pero ninguna mujer me las había besado, lamido, chupado y mordido como si fuesen tetas de mujer. Mariano parecía un bebé desesperado por comer, y cuanto más succionaba y mordía más duras y sensibles se me ponían y su morbo parecía retroalimentarse con eso. Cada mordisco que me daba disparaba electricidad por todo mi cuerpo la calentura estaba empezando a apoderarse de mí así que lo agarré, lo levanté y de un empujón lo tiré al sillón y acostándome arriba le puse todo el peso de mi cuerpo sin dejarlo que se mueva, me puse entre sus piernas y por su cara de sorpresa, me dio para pensar que no estaba acostumbrado a estar exactamente en esa posición sino al revés. Cuando pude sentir bien la presión de su pija dura contra la mía empecé a bombear, lento al principio, así podía ir sintiendo como nuestros troncos se frotaban. Los bomberos empezaron a acelerarse y cada vez se hacían más profundos mientras mi gemidos se volvían cada vez más fuertes y él me alentaba “Así, fuerte, dale”

Estuvimos un ratito así y cuando me di cuenta que ya estaba a punto de acabar frené el movimiento y me incorporé. La panza de Mariano estaba llena de líquido preseminal, no se sabía si era mío suyo o el de ambos combinados pero eso no importó, comencé a agarrarlo con los dedos y se lo acercaba a su boca que él abría gustoso para saborear el líquido brillante. Se incorporó y yo me senté al lado, teníamos los dos la respiración muy agitada. “Sos una bestia” me dijo y se sonrió, yo le devolví la sonrisa y bajé la mirada. Su pija seguía apuntando al cielo dura como la roca, me escupí la mano y la bajé hasta su glande, el cual masajeé lentamente. Él cerró los ojos y tiró su cabeza para atrás disfrutando de la caricia mientras sus músculos se tensan, la excitación reaparece rápidamente y de nuevo estira a su mano para agarrarme el pito a mí. “Qué pedazo de poronga, es más grande incluso de lo que pensábamos” me mira y se sonríe mientras lo dice. “Qué lástima que si tenían tantas ganas no aprovecharon en ese momento” le digo, a lo que él me contesta “Mejor así, la tengo toda para mí”. Se arrodilla frente mío extiende ambas manos y me agarra el tronco con fuerza y empieza a hacer movimientos hacia arriba y hacia abajo, esta vez soy yo el que tira la cabeza para atrás y se dedica a disfrutar.

 

Escuchè el ruido de su escupida y sentí inmediatamente la humedad de la saliva recorrer la punta de mi pija mientras sus manos apuraban el ritmo. El placer era inmenso y yo sentía como todos los músculos se iban pensando en mi cuerpo. Apenas llegué a decirle “guarda que viene” y abrir los ojos que la leche me empezó a brotar. El primer chorro los sorprendió, pero fue el segundo lechazo el que llegó más lejos y ahí ya Mariano empieza a cagarse de risa sin frenar el movimiento de sus manos “Que hijo de puta” dice mientras los chorros de leche seguían saliendo de mi pija. “Qué hijo de puta, cuanta leche” dice mientras por sus manos van chorreando los hilos blancos del orgasmo que acabo de tener. 

 

Mariano se levantó y fue para el baño, mientras escuchaba que se limpiaba me quedé pensando en lo que acababa de pasar, y veo que de la punta de mi pito asomaba una gota de guasca que instintivamente y sin dudarlo agarré con el dedo y me lo llevé a la boca. Mariano salió de baño con el pito duro como una roca y se acercó sonriéndome mientras me miraba la pija, estiró su mano y me la apretó suavemente mientras dijo “Esta parece que no se baja”. Recién ahí caigo en la cuenta de qué yo todavía tengo el pito muy duro. 

Estiré mi mano y le agarré la poronga, la apreté suavemente y retomé el movimiento arriba y abajo por el tronco duro. Ahí fue mi turno de ver cómo le salía el precum por la punta. El líquido le iba mojando la cabeza a medida que la piel del pito cubría y descubría el glande al ritmo del movimiento de mis manos. La cabeza de su chota brillaba, con mi otra mano cerré el puño y se la rodeé apretando suavemente el glande húmedo y resbaladizo. Mariano gimió pesadamente mientras comenzó un suave movimiento con las caderas haciendo que su pija se deslice adelante y atrás entre mis manos. El precum empezó a chorrear fuerte y se colaba entre mis dedos, instintivamente moví mi mano viscosa hacia mi pija y pasé su precum por mi cabeza hinchada y dura, la sensación de placer era  extrema porque todavía tenía el pito muy sensible por el lechazo de unos minutos atrás y yo sabía que si no me cuidaba iba a acabar rápidamente.

 

Mariano me agarró la muñeca de la mano que lo está pajeando y empezó a apurar el ritmo del bombeo, yo miraba hipnotizado como de mi puño entraba y salía la poronga dura de mi compañero de paja, el líquido preseminal le chorreaba desde la punta del pito cayendo hacia mi antebrazo, él lo juntó con la mano y me ofreció los dedos para que yo se os lama. El sabor dulce del precum invadió mi boca y potenció mi morbo y calentura, sabía que en cualquier momento se me iba escapar el segundo lechazo. Como si entendiese lo que estaba pasando, Mariano se separó de mí y se acercó por delante para poner su pito arriba del mío, las cabezas hicieorn contacto y su precum se juntó con el mío, él agarrío con sus dos manos los dos pitos y los apretó juntos mientras empezaba un frenético movimiento adelante y atrás, yo mientras veía la cabeza de su pito asomar por el prepucio una y otra vez mientras con ese movimiento me frotaba el frenillo volviéndome loco. Estiré mis manos y le acaricié los huevos que estaban muy tensos pronosticando el cada vez más cercano desenlace.

 

Con un gruñido grave y profundo Mariano dio un par de estocadas profundas y se tensó. De la punta de su pito empezó a brotar la leche caliente que se chorreó de inmediato sobre la  cabeza de mi pito mientras él gritaba en un profundo orgasmo. Sus manos seguían apretando las dos chotas y yo sentí la sobreestimulación que generaba su guasca caliente frotándose contra mi pito llevándome rápido al borde de nuevo. Mientras Mariano va calmando son movimiento le avisé que estaba por acabar. Él apretó de nuevo el agarre esparciendo su leche por todo mi tronco, mi cuerpo se tensó y con un fuerte suspiro empecé  a sacar nuevamente chorro tras chorro de leche que saltó hacia mi pecho mientras Mariano nuevamente me festejaba la cantidad y la intensidad de la acabada.

 

Mariano se sentó al lado mío y quedamos los dos tirados exhaustos y mudos mientras la leche empieza a chorrearse por mi pecho. Mariano juntó un poco con los dedos pero claramente no me iba a poder limpiar así, así que fui al baño y con una toalla húmeda me saqué todo lo que pude del pecho y el pito. Cuando volví me senté al lado suyo en silencio, y él estiró su mano a mi pito todavía hinchado y agarrándolo con cariño me dijo “Valió la pena haber esperado tantos años, espero que la próxima sea pronto”. Y así fue, Mariano es Hoy uno de mis amigos más cercanos y repetimos las pajas semanalmente. 

 

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