El papá de mi mejor amigo
Aunque no tengo muchos recuerdos de esa primera época, sé que conozco a Pablo desde que íbamos juntos al Jardín, pero realmente amigos nos volvimos durante el primario y hoy a mis 25 años sigue siendo uno de mis mejores amigos. Habiendo pasado nuestra adolescencia juntos, obviamente con Pablo compartimos muchas pajas, pero hoy no es momento de contar alguna de ellas, sino de contar una historia qué pasó hace tres años, y es la de mi primera paja con Carlos, su papá.
La mayor parte del primario, la amistad con Pablo implicaba juntadas después del colegio en su casa o en la mía, y como era día de semana por lo general era en horario en que nuestros papás estaban trabajando, así que yo no conocía a Carlos o por lo menos no lo conocí bien hasta casi terminar el secundario cuando mi amistad con su hijo dejó de ser meramente escolar y pasamos a ser compañeros de salidas, con lo cual empezamos a vernos seguido los fines de semana. Carlos era un tipo bastante simpático, y nuestro vínculo no pasaba de un saludo ocasional cuando nos veíamos en su casa. A medida que nos íbamos viendo más veces, algo de confianza empezamos a tener pero nada muy profundo. Él me decía cariñosamente Rulo y eso me caía bien. La mayoría de las veces con Pablo nos íbamos a juntar con nuestro grupo de amigos y salíamos todos juntos a bailar, pero cada tanto la salida se pinchaba y volvíamos temprano o directamente nos quedábamos en su casa. Fue en una de esas veces que por primera vez reparé en Carlos de manera diferente.
Me acuerdo como si fuese el día de hoy de toda la situación. Estábamos con Pablo en el comedor viendo una de terror cuando se abre la puerta de la habitación de sus padres. Por el pasillo pudimos ver pasar a Carlos yendo hacia el baño, sólo tenía puesto un slip y eso me llamó la atención en principio porque si bien mis amigos y yo teníamos la costumbre de usar boxer, en mi casa mi papá y mi hermano mayor también usaban slip. A esa edad ya había quedado claro que yo era tremendo pajero, y como tal era muy mirón de los bultos de otros hombres, así que quedé pendiente de la puerta del baño para poder mirar bien el slip cuando el papá de mi amigo saliese. Para suerte mía Carlos abrió la puerta antes de apagar la luz y pude ver relativamente bien el slip que tenía puesto, era celeste, gris o blanco pero estaba seguro que era un calzón clarito. Seguí mirando mientras caminaba y pude ver cómo se le marcaba no sólo el tronco sino también la cabeza y los dos huevos. yo para ese momento ya había mirado muchas veces a mi papá y a mi hermano pero me dio la sensación, capaz por el morbo del momento, que Carlos tenía todo más grande y más gordo que ellos. Aunque muchas veces busque repetir esa situación, nunca más volví a verlo en ropa interior, pero no me pude sacarme esa imagen de la cabeza por bastante tiempo.
Pasaron varios años en los que no nos vimos porque yo me fui a vivir solo y mi departamento pasó a hacer el lugar de juntada antes de salir, pero un sábado a la tarde que yo estaba volviendo a mi departamento me crucé por la calle con Carlos que venía caminando de frente vestido de oficinista a pesar de ser fin de semana. Nos saludamos efusivamente y charlamos de algunas cosas hasta que me preguntó qué estaba haciendo por ahí y le conté que vivía cerca, y casi sin darnos cuenta empezamos a caminar en la misma dirección, me contó algo que ya me había adelantado Pablo que era que los papás le estaban buscando un departamento para alquilarle y que pudiese irse a vivir solo y hablamos un poco de eso, de cómo había encontrado yo mi departamento, cuánto pagaba, etc. Cuando estábamos casi llegando a la puerta del edificio se lo señalo y le digo que ahí vivía yo. Carlos me preguntó si podía pasar a ver el departamento, nuevamente haciendo alusión a la posibilidad de encontrar uno para su hijo, a lo cual obviamente yo accedí.
Recorrió el departamento rápido y la última parada fue el baño. cuando yo estaba por salir llevó su mano al cinturón empezó a sacárselo y me pidió permiso para usarlo, a lo cual obviamente yo accedí, pero para mi sorpresa mientras yo estaba saliendo él ya empezaba a abrirse el cierre, y pude ver un poco de su ropa interior. Eso no duró ni siquiera un segundo pero fue lo suficiente para despertar el recuerdo de ese slip que tanto había pensado en los últimos años de mi adolescencia. Aunque me alejé de la puerta del baño mis sentidos estaban tan puestos en la situación que podía escuchar con claridad el ruido del chorrito de meo cayendo en el inodoro. Cuando tiró la cadena me puse de forma tal de quedar a unos metros de la puerta del baño y mirando hacia ahí. Cuando la puerta se abrió, él estaba terminando de subirse el pantalón, nuevamente la imagen no duró más de un segundo, pero a mí cerebro proceso rápidamente lo que veía. El papá de mi amigo tenía un slip gris debajo del pantalón. El pantalón del traje no le marcaba particularmente un lindo bulto pero habiendo visto como estaba en el slip, podía adivinar claramente donde tenía el pito Carlos. La inexperiencia de la adolescencia ya me había abandonado y ahora era consciente de que no había forma de que el papá de mi amigo no me hubiese descubierto mirandole el bulto, aún si yo había corrido la vista rápida y empecé a sentir el calor en mi cara por la vergüenza de toda la situación.
“Te puedo pedir un vaso de agua?” Nuevamente accedí al pedido pero no fui inocente al hecho de que ni siquiera después de haberme descubierto mirándolo, Carlos estaba urgido por irse, y con reflejos dignos de un pajero profesional le ofrecí además la posibilidad de tomar un café, un té o una cerveza, y por suerte para mí accedió a lo último. Saqué dos latas de la heladera y le alcancé una mientras él se sentaba en el sillón abierto de patas, no sabía de qué hablar así que le pregunté porque estaba vestido de traje un sábado a lo que me contestó que algunos sábados tenía que ir a la oficina. Yo había visto a Pablo la semana anterior pero nuevamente en pos de sacar un tema de conversación le pregunté cómo andaba su hijo a lo que me contestó que bien y me empezó a hablar de él como a veces los padres hablan de uno, criticándolo pero con cariño. Las piernas abiertas me estaban volviendo loco pero no sabía cómo avanzar.
“Vení Rulo, sentate que te quiero comentar algo”. Era la primera vez esa tarde que usaba el apodo que él me había puesto y eso hizo que el recuerdo de su caminata slip se vuelva aún más fuerte. Me acerqué y me senté en la otra punta del sillón un poco torcido para mirarlo de frente. ”Espero que no te moleste el comentario pero ahora que ya son grandes me parece que lo podés saber, cuando vos y Pablo se cerraban en la pieza para ver porno nosotros nos dábamos cuenta” me dice y si sonríe. Si antes había sentido acalorada la cara ahora la sentí perderse fuego, ahora entendía que la puerta cerrada y la porno por más bajo que estaba tenía que ser una obviedad para cualquiera que estuviera en esa casa lo que estábamos haciendo, no podía creer que hasta ese momento yo nunca lo había pensado así, y al mismo tiempo mientras el comentario se procesaba rápidamente en mi cabeza empecé a pensar que era como mínimo raro que estuviese sacando ese tema, a menos que…
De inmediato se dio cuenta que yo estaba avergonzado porque me dijo que no había nada de qué avergonzarse y que todos los hombres hacían eso, e inmediatamente se frenó y cambió la frase “Perdón, todos los hombres lo hacemos y es como algo instintivo que tenemos” me dijo con una sonrisa cómplice en la cara. Mi vergüenza iba rápidamente cediendo a otra cosa y no sabía cuánto tiempo iba poder disimular el pito que se estaba parando abajo de mi jean.
Cómo si supiese el efecto que generaba, Carlos siguió hablando del tema, redobló la apuesta y me preguntó si Pablo y yo nos seguíamos pajeando juntos. La pregunta me agarró completamente por sorpresa, le respondí que al principio si pero que hacía prácticamente un año que no lo hacíamos más porque él se había puesto de novio. “Rulo, no me vas a decir que vos pensás que hay que dejar de pajearse cuando uno se pone de novio, no?” Le respondí enfáticamente que no. Sentía mi pito absolutamente duro abajo de mi pantalón, y aunque una parte de mí rogaba que él no se diera cuenta, internamente estaba esperando que me lo mire. “Estoy seguro que Pablo se sigue pajeando” me dijo con cara de complicidad y yo le contesté que también pensaba lo mismo, pero era diferente pajear solo que juntarse con un amigo para hacerlo. “No te creas Rulo, yo estoy casado hace muchos años y nunca dejé de juntarme con amigos para eso, es uno de los grandes rituales que tenemos los hombres para pasar buenos momentos juntos”. Ya no quedaban dudas de a dónde se estaba dirigiendo la conversación y aunque yo no me animaba a apurar las cosas estaba desesperado por ver el slip del papá de mi mejor amigo después de tantos años de desearlo.
Carlos dejó que el silencio se extienda unos segundos y después me pregunto “No te parece?” Yo asentí con la cabeza y avancé diciéndole que había sido Pablo quien había tomado esa decisión, que si era por mí yo lo hubiese seguido haciendo. “Qué bien Rulo me gusta esa actitud. Siempre supe que eras muy pajero, no solo por escucharlos a través de la puerta cuando se pajeaban, sinó también por pescarte mirándome bulto un montón de veces”. Al principio de la charla me hubiese dado mucha vergüenza ese comentario, pero ahora estaba volando de caliente. Con las cartas sobre la mesa y sabiendo lo que venía lo único que quería era que ese hombre, esa figura paterna sepa que podía encontrar en mí un compañero pajero bien predispuesto y morboso.Tratando de ocultar la excitación le confesé que yo no pensaba que se notara tanto, a lo que él me respondió que era parte del código, y que probablemente él lo había notado porque siendo el también muy pajero siempre estaba alerta a ese tipo de señales y agregó: “No te pienses que todas las veces que se me marcó el bulto fueron sin querer, sabiendo lo que vos y Pablo iban a hacer cuando se encerrasen en la habitación un poco busqué que aunque sea inconscientemente yo estuviese presente”. Mi cabeza de arriba no podía procesar toda la información que estaba recibiendo sin embargo la de abajo claramente entendía y disfrutaba que cada cosa que él decía, así que decidí lanzarme yo también con la misma intensidad que él, y le conté de esa primera vez en que lo había visto salir de la habitación. La sonrisa en su cara era una mezcla entre paternal, tierna y la sonrisa morbosa que todos los pajeros sabemos que tenemos. “Uy Rulo, si hubiese sabido me hubiese pasado más en slip” me dijo riéndose.
“Puedo ver?” Le pregunté sin mediar más palabras apuntando con mis ojos hacia su bulto “Querés verlo?” yo ni contesté pero la sonrisa volvió a parecer en su cara y asintió con la cabeza, se levantó del sillón desabrochó su cinturón y poniéndose de frente a mí se bajó el cierre y dejó que el pantalón del traje se deslice hasta la mitad de sus muslos.
Adelante mío estaba la imagen que tean grabada se había quedado en mi retina y que durante tantos años había querido revivir, Carlos tenía puesto un slip gris viejo y usado que si lo agrraba mi vieja lo hubiese tirado a la basura, en la parte de arriba se abultaba una copiosa maraña de pelos alguno de los cuales sobresalían por arriba del elástico, debajo de eso potente y gordo se marcaba un tronco que terminaba en una cabeza gorda bien notoria y debajo de eso, tironeando la tela un par de huevos cerraban el cuadro perfecto. Si mi adolescencia estuvo marcada por esa imagen robada en apenas segundos, desde ese momento esta imagen iba a ser la que me obsesione cada vez que me caliente.
Sin siquiera pensarlo extendí mi mano hacia delante y separando el dedo índice y el mayor puse cada uno de un lado del tronco y lo recorrí desde la base hasta la cabeza. Las gambas peludas de Carlos se tensaron con el movimiento y aproveché la oportunidad para levantar la otra mano y tocar esos muslos musculosos llenos de pelos enrulados y oscuros. Fue esta caricia la que empezó realmente a despertar a la bestia, podía sentir el tronco inflamándose entre mis dedos mientras subía y bajaba mi otra mano por sus cuádriceps tonificados. La tela se estiraba a medida que el pito de Carlos se ponía más gomoso hasta que finalmente pude ver un poco de la base por arriba del elástico. “Mira lo que hiciste Rulo” me dijo y se rió. Yo estaba hipnotizado, bajé la mano acariciando levemente la cabeza y juntando los dedos los pasé por abajo para poder sentir ese par de huevos que eran ni más ni menos los que habían engendrado a mi mejor amigo. Ese pensamiento me excitó mucho y tuve ganas de compartirlo, pero sentí que podía incomodarlo así que me lo guarde para mí. Carlos sacudió la pierna y el pantalón terminó de bajar hasta pasada la rodilla, aproveché ese momento para recorrer con ambas manos cada una de sus gambas. Podía ver que él estaba excitado, pero por suerte la erección todavía no era completa y yo podía seguir disfrutando de la imagen que tenía adelante mío. Con cada caricia mis manos llegaban hasta sus huevos y yo podía sentir la presión en mi mano cuando los tocaba hasta que finalmente me decidí y subiendo la mano por el costado del slip mis dedos tocaron sus huevos peludos apenas con las yemas, pero ese roce fue suficiente para que él largara un suave suspiro seguido por un entrecortado “uy Rulo”. Mis dedos hurgaban debajo del calzoncillo y ahora si podía ver su pito creciendo aceleradamente, y el slip quedando cada vez más estirado. En cuanto mis dedos tocaron su cabeza pude notar el líquido que brotaba por la punta, saqué mi mano y sin pensarlo dos veces me llevé los dedos a la boca. El dulce sabor de su precum me invadió la boca y lleno de calentura, bajé la otra mano y empecé a amasarme el bulto por arriba del pantalón.
“puedo verlo yo?” dijo Carlos y yo como toda respuesta me incorporé y cuando voy fui desabrocharme el pantalón él me frenó, y acercándose empezó a desabrocharlo con sus manos, cuando termina con todos los botones de la bragueta se arrodilla y con un fuerte tirón me baja los pantalones dejando mi boxer duro al aire. Así como estaba empezó a pasar su mano por mi tronco suavemente, levantó la cabeza y mirándome me dijo “Estás grande Rulo” y volvió a bajar la mirada a mi pito que palpitaba abajo del calzón. Con las dos manos agarró el elástico del boxer y me lo bajó lentamente hasta dejar por completo expuesto mi pito duro y baboso, con la precisión admirable de un experto escupió y la saliva cayó justo arriba de mi tronco, con sumano izquierda la agarró y comenzó a esparcirla por todo mi pito mientras que con la mano derecha empezó a jugar con mis huevos, yo miraba para abajo y no daba crédito a lo que estaba viendo.
Se incorporó y comenzó a sacarse los zapatos y el pantalón y yo hice lo mismo, incluyendo mi boxer aunque él todavía tenía puesto el slip. Acto seguido empezó a desabrocharse la camisa y se la sacó, quedando solamente con una remera blanca, yo me saqué mi remera mientras él me miraba atentamente y después me acerqué y le saqué la remera a él. En mi familia somos todos lampiños, Carlos en cambio tenía pelos en los pectorales y la panza, y no sé por qué pero esa imagen me calentó mucho e inmediatamente empecé a pasar mis manos por todo el torso, pensando lo mucho que envidiaba que mi amigo se hubiese pasado toda la vida viendo esa imagen de macho peludo. Seguí recorriendo con mis manos hasta finalmente llegar al slip que ya se estaba estirando y apenas podía contener el pito de Carlos. en la punta se veía un enorme mancha húmeda saliendo del lugar donde la cabeza se adivinaba enorme y dura.
Me agaché y empecé a bajarle el slip, ante mis ojos apareció una poronga dura y larga, por lo menos debía tener 20 cm, pero lo sorprendente era lo ancha y venosa que era, con una mano la agarré para correr la piel de la cabeza y me di cuenta que apenas podía cerrar el puño alrededor de ese tronco. La cabeza asomó húmeda y bien roja no se parecía nada al pito de su hijo, otro comentario que decidí guardarme para no incomodarlo. Sin poder sacarle la vista de la cabeza empecé a subir y bajar la mano por su poronga, la piel cubría y descubría el glande y cada vez parecía terminar más mojado, apreté el tronco desde la base hacia adelante y una abundante gota de precum apareció por la punta, lo volví a juntar con los dedos y lo llevé la boca disfrutando nuevamente de sabor casi dulzón.
Carlos me agarró de los hombros y me hizo levantarme, quedamos enfrentados y el pusesuavemente su mano en mi cachete y con ternura me dijo “Qué grande estás Rulo”, yo sentía su pija dura apuntando por arriba de la mía, él miró hacia abajo y yo le seguí la mirada, las dos porongas estaban durísimas y muy cerca la una de la otra. Carlos agarró una con cada mano y acercando las cabezas las hizo darse un beso, mezclando los líquidos y generando un hilito cada vez que acercaban y alejaban, hasta que finalmente empezó a frotarlas una contra la otra suavemente. “Ves Rulo?, si las ponemos así se estimulan los frenillos y es muy placentero”. Yo sentía como las palpitaciones me aumentaban y la respiración de él se iba poniendo cada vez más pesada, estábamos los dos muy excitados. Carlos dio un paso al frente y poniendo tronco contra tronco empezó a mover lentamente su cadera y me dijo “Esto se llama Frot”. Obviamente yo ya sabía todo esto pero lejos de parecerme condescendiente, este comentario después del de los frenillos me hizo pensar que él estaba comportándose paternalmente conmigo y aunque me daba medio un poco de culpa la situación también me morboseaba mucho. Carlos agarró mi mano y la acercó a los pitos que se estaban frotando tronco contra tronco, yo agarré como pude toda esa carne y mientras el bombeaba yo pajeaba los dos pitos, cuando miraba para abajo me parecía increíble la diferencia de tamaño entre uno y otro y eso por alguna razón alimentaba aún más el morbo de la situación.
Él levantó una mano y la llevó hacia mi tetilla y empezó a acariciarla lentamente, aumentando de a poco la presión, a mi se me iba endureciendo cada vez más y a medida que eso pasaba el placer se volvía cada vez más intenso. Carlos se llevó la mano a la boca y se ensalivó los dedos, volvió a mi tetilla esta vez apretando un poco más fuerte aprovechando la saliva y el placer se extendió por todo mi cuerpo, levanté mi mirada para encontrarme con sus ojos y un gesto de afirmación con el cual me preguntaba si estaba todo bien, apenas pude articular una respuesta mientras sentía un placer enorme en mi tetilla y por los dos pitos moviéndose dentro de mi mano. Carlos se acomodó y pasando una mano por sobre mi hombro sostuvo en un abrazo que unía aún más nuestras pijas, con movimientos imperceptibles apretaba su contra la mía mientras me respiraba en el cuello, hasta que en un momento la respiración se transforma en besos que me raspaban con la barba.
Corriéndose un poco me empujó suavemente hasta el sillón y me siento, pero sostuvo la presión indicándome que quería que me acueste. Él pasó un brazo por abajo de mi cabeza y su otra mano la deslizó hasta llegar a mi pito, y empezó a acariciarlo suavemente mientras me miraba fijo a los ojos. Hizo un pequeño moviento del cuerpo y de su brazo y llevó mis labios hacia su tetilla y yo sacando la lengua empecé a acariciarla, tenían un sabor levemente salado y al mínimo contacto con mi lengua se empezó a poner dura. Instintivamente apreté mis dientes y le di un pequeño mordisco que lo hizo contornear al mismo tiempo que aumentaba la presión sobre mi pija aumentando mi placer y provocando de nuevo un aumento de presión de mis dientes sobre su tetilla. “Así Rulo” me susurro al oído mientras intensificaba el agarre en mi tronco. Con un pequeño movimiento de su cadera puso su pito al costado de mi cuerpo y presionó, esta nueva posición hizo que mi cara quedara más cerca de sus axilas y pude detenerme en percibir su olor, claramente no tenía desodorante ni tenía olor archivado, era un olor leve pero profundo, un dejo de olor a vestuario. Eso combinado con la sensación de su bombeo que se sentía en mi cadera y su mano friccionando mi poronga me embriagó de placer y sumergí mi cabeza pasando la nariz por su sobaco peludo. Ese olor despertaba en mi cabeza un montón de sensaciones, no solo el vestuario, también el deporte, mis compañeros, mi viejo y mi hermano y el mismo Pablo aparecían asociados al aroma de sus sobacos. Sin saber muy bien que hacía saqué mi lengua y la pasó por su axila, un sabor levemente salado y ácido apareció en mi boca al mismo tiempo que Carlos emitía un profundo gemido.
A medida que continuaba pasando mi lengua y nariz por su sobaco la respiración se le iba poniendo cada vez más pesada, hasta que finalmente cambió la posición de su cuerpo poniéndose encima mío y agarrándome por la cintura empezó a bombear desesperado como si estuviese cogiendo con una mujer, la sensación de tener semejante pija dura contra la mía era hermosa y cuanto más la sentía yo más la empujaba él, las estocadas eran potentes y se empezaban a combinar con sus gruñidos que de a poco se iban volviendo cada vez más fuertes y profundos, y en mi cabeza apareció la imagen de la madre de Pablo siendo cogida por este macho pijudo y peludo que bombeaba desesperado, yo no podía contener mi placer y gemía también muy fuerte.
No sé cuánto tiempo estuvo bombeando así pero finalmente empezó a bajar el ritmo hasta detenerse por completo. Se incorporó un poco y quedó sentado prácticamente entre mis piernas, yo veía mi poronga alzada y de fondo el mástil suyo fácil 5 cm más alto que el mío y casi el doble de ancho chorreando preseminal por la punta. Estiré mi mano mientras me incorporaba y le agarré bien fuerte la pija empujando suavemente hacia arriba para hacerlo largar más jugo, el cual empezó a deslizarse por su tronco, él lo agarró con sus dedos y lo pasó por la cabeza de mi pija que ya de por sí estaba húmeda, generándome una sensación hermosa, tuve que arquear la espalda hacia atrás para poder disfrutar mejor, pero sin dejar de agarrarle la pija.
Carlos se incorporó y se paró adelante mío. Sobre mi cara ahora tenía su cuerpo peludo y toda la extensión de su poronga que él pajeaba lentamente. Yo hacía lo mismo con la mía sin dejar nunca de mirar el movimiento de su mano, de la punta nuevamente le salía abundante precum que se estiraba en un hilo hasta que finalmente cayó en mi cuello. Cambié de mano para poder estirar la mano derecha y tocar esos huevos hermosos y grandes, que ya me los imaginaba llenos de leche, la misma leche que creó a mi mejor amigo. Carlos disfrutaba de mis caricias y apuraba un poco el ritmo de su paja. Yo sentía como sus huevos se contraían mientras el gemia cada vez más grave y fuerte. “Te puedo dar leche Rulo?” “Sí papá, quiero verte acabar” le contesto.
Carlos pasó una pierna por arriba mío y apoyándola en el sillón se sentó casi sobre mi panza, apenas me quedaba espacio entre sus piernas para la mano con la que yo me agarraba la pija pero no la quería soltar. Sentí como gemía cada vez más fuerte y aumentaba el ritmo de su paja, y mientras con la otra mano yo seguía agarrándole los huevos que ya estaban contraídos llegando casi a la altura del tronco. Emitió un grito ahogado y de la punta de su chota empezó a brotar la leche blanca bastante líquida que empezó a chorrearse por mi pecho mientras su cuerpo temblaba y se sacudía y él no paraba de gemir a los gritos y la guasca le segu{ia saliendo. Cuando terminó el polvo inmediatamente se levantó, yo pasé mi mano por el pecho juntando toda la leche posible y me la llevé a mi pito y lo empecé a pajear frenéticamente. Le dije que yo también quería acabar y me pidió que espere, se sentó en el sillón y me hizo acercar, me senté sobre él como si lo fuese a cabalgar, sintiendo su poronga que todavía estaba dura detrás mío y retomé la paja mientras él me agarraba de la cintura y hacía como que me bombeaba. La cabeza de mi pija estaba colorada y yo estaba muy excitado así que no faltaba mucho. “Dale Rulo, mostrame cómo sacas leche” y con esa frase me llevó al límite. De la punta del pito me empezó a salir le chele blanca bastante más espesa que la de él, que aterrizó en los pelos de su pecho mientras Carlos miraba todo con una sonrisa yo gritaba de placer y movía el cuerpo descontroladamente. El orgasmo me recorría de arriba abajo y las manos fuertes de Carlos me agarraban de la cintura y me pegaban a su cuerpo. En cuanto terminé de acabar él se movió y corriéndome se estiró hacia el piso y agarrando su slip se limpió toda mi leche y mirándome me dijo “Me llevo esto de recuerdo” y me guiño el ojo.
Antes de irse del depto me comentó de algunos amigos con los cuales él se juntaba y me preguntó si quería que me invite a lo que yo respondí que me encantaría y es el día de hoy que cada tanto me sigo juntando con ellos, y aunque esos encuentros me calientan mucho, lo mejor sigue siendo cuando Carlos viene solo y nos pajeamos solos, el morbo de intimidad de esos encuentros son únicos y ya contaré alguno de esos próximamente.
No llegue al final de relato jajj muy bueno
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