Un clásico entre primos, revisitado

 

En mi casa las reuniones familiares eran casi todas las semanas sin excepción. A veces venía la familia completa, otras veces solo algunos tíos con sus hijas e hijos, y algunas veces, cuando no había mucho ánimo, solamente venía la parte más cercana de la familia. Cuando la reunión era completa sumábamos 16 primos y primas, pero el número se reducía mucho cuando sólo éramos dos o tres familias. En estas reuniones más chicas, eramos por lo general 4 o 5 primos, y de esos solamente dos éramos hombres. Yo tendría unos cuatro o cinco años  en mis primeros recuerdos de estas reuniones que se extendieron hasta por lo menos que yo tuve 16 años. Después como suele pasar se fueron espaciando pero nunca perdimos el contacto.

 

Mi primo Damian, ese otro primo varón que estaba en todas las reuniones me llevaba tres años. Al principio esa diferencia no parecía muy importante pero cuando yo tenía unos nueve o 10 años y él tenía 13 era clarísimo que él y yo no teníamos nada que ver… Él era mucho más alto que yo, tenía mucha más fuerza, y claramente una actitud dominante, muchas de las cosas que pasaban con él en esas reuniones hoy día entrarían en la categoría de bullying.

 

En lo que a este cuento relato respecta, tengo tres recuerdos con Dami. Una vez estando en su casa le pedí que me preste el Atari con el que él estaba jugando y burlonamente se agarró el bulto y sacudiéndolo me dijo “esta te lo voy a prestar”, esta anécdota que parece una boludez fue importante en mi cabeza porque nosotros nos habíamos visto muchas veces desnudos cuando éramos chicos en campamentos, en el club, o simplemente bañándonos en la casa de alguno, y esa fue la primera vez que yo me di cuenta que el pito de él había crecido aunque todavía el mío no. La siguiente vez yo ya estaba un poco más grande y él en una de sus clásicas burlas hacia mí me dice algo como que seguro que a mí no se me para tanto como él. La conversación no pasó de ahí pero ese comentario me hizo sentir al mismo tiempo avergonzado y con ganas de vérsela. Y la tercera fue la única vez en la que efectivamente hubo una situación de paja, cuando con la familia en el jardín el me llevó a su habitación donde tenía un reproductor y me mostró un poco de una peli porno, sin decirme nada y sin hablar peló la pija y se hizo la paja adelante mío, como si yo no estuviese.

 

Pasaron muchos años en los que no nos vivimos más porque por nuestra edad ninguno de los dos casi iba a estas reuniones familiares. En esos años, yo descubrí el Handball y empecé a entrenar, descubrí el sexo y empecé a coger y entre otras cosas por comentarios de mis amigos y de mis novias descubrí que tenía el pito bastante más grande que la media. Pasaron muchos años y un día en el cumpleaños de 15 de la menor de nuestras primas Damián y yo nos volvimos a ver.

 

Para mi sorpresa, yo le había sacado casi 10 cm de altura y el recuerdo de lo que para mí era su cuerpo gigante quedó en la nada al descubrir que si bien no era flaco, su musculatura era normal y muy inferior a mi estado físico. Las revelaciones de ese cumpleaños de 15 me dejaron muy contento y satisfecho conmigo mismo, y aunque en ese momento no entendí por qué (y ahora entiendo perfecto), cuando volví del cumpleaños me terminé clavando una de las mejores pajas de mi vida.

 

Un par de semanas después para mi sorpresa suena mi teléfono y era mi primo, charlamos muy ameno sobre la vida de ambos y quedamos en juntarnos para tomar unas cervezas y ponernos al día. La posibilidad de tener esa charla me puso muy contento y me hizo sentir que me había reconciliado con una parte muy importante de mi vida. 

 

Un par de semanas después nos terminamos juntando en un bar cerca de su departamento donde nos pusimos al día, lo cual era algo un poco liviano de decir porque ambos sabíamos de la vida del otro a través de nuestra familias. Yo estaba en ese momento con la que ahora es mi esposa y a unos meses de casarme, sintiendo Toda la presión y la angustia que eso me representaba en ese momento. Él estaba recientemente separado y tenía dos hijos que estaban viviendo con su ex. El resto de los espacios, trabajo, estudio, cotidianidad, lo fuimos llenando en esa conversación, mientras se iban apilando en la mesa 2 o 3 botellas de Heineken.

 

Por segunda vez en la conversación le pedí disculpas porque tenía que ir al baño y él me dijo que mejor vayamos para la casa porque él también tenía que ir al baño pero no exactamente para hacer pis. Nos reímos ambos del comentario, pagamos y nos levantamos para irnos del local caminamos un par de cuadras bastante mareados y riéndonos un montón, yo estaba muy contento porque finalmente me podía olvidar de la relación mala que siempre había tenido con él.

 

Mi primo vivía en un departamento tres ambientes bastante lindo y amplio, aunque en ese momento no parecía un lugar muy acogedor, porque estaba repleto de recuerdos de la vida que él había perdido… Algunos juguetes estaban tirados en la habitación vacía que antes ocupaban sus hijos y algunos Blu-ray con películas animadas Todavía quedaban en alguna de las repisas.

 

En el comedor se veía el desorden claro de una persona que no tiene que limpiar después de ensuciar y que no tiene nadie que le ayude. La cocina sin embargo estaba impoluta, por lo cual lo burlé pues claramente no cocinaba nunca. Sin embargo el lugar que más me sorprendió era su habitación. Donde normalmente habría una cama que tranquilamente él podría haber trasladado desde la habitación de los chicos, había un amplio sofá cama. Frente al sofá, una pila de cajas improvisaban una mesa y arriba de esa mesa estaba el televisor, infaltable en la habitación de cualquier soltero. Ese lugar tenía una energía particular, a diferencia del resto de la casa no transmitía una energía negativa sino más bien parecía ser lo contrario, un lugar donde él se refugiaba.

“Necesito ir al baño” le dije y él me indicó para dónde quedaba. Cuando terminé de mear salí para el comedor pero para mí sorpresa él no estaba ahí sino que en la habitación donde ya había puesto otra botella de cerveza con 2 vasos en una improvisada mesita al lado del sillón. Dami estaba parado frente al sillón con el control remoto en la mano y la mirada concentrada en la televisión mientras apretaba botones, cuando me acerco señala con la cabeza la mesita sin quitar los ojos de la televisión y me dice simplemente “serví”.

Pude ver por el rabillo del ojo que estaba recorriendo un menú en la tv, pero gire y fui hasta la cerveza, serví los dos vasos, los agarré y giré ofreciéndole uno a él, pero cuando giro y extiendo mi mano me dice con tono cortante “déjalo ahí, ahora agarro”, y sigue con la televisión. Cuando me di vuelta para apoyar el vaso en la mesa de luz la televisión comienza a emitir el sonido típico de reproducción de algún video.

No hace falta enseñarle a nadie de mi generación lo característico que es la estética de una película porno. Así de claro y contundente fue para mí cuando miré la pantalla y vi los títulos que estaban comenzando. Damián apoya el control remoto en el apoyabrazos del sillón y nuevamente en tono cortante me dice “sentate, ahora vuelvo” y se va al baño. Shockaedo le doy un sorbo a la cerveza y me siento en el sillón. En la pantalla, una MILF tetona le estaba diciendo cosas a un par de jóvenes técnicos pero yo no tenía ni idea de qué pasaba. Mi inglés es bueno pero mi cabeza estaba absolutamente mareada, en parte por la cerveza que ya habíamos tomado, pero más que nada por toda la situación que no lograba comprender. No sé cuánto tiempo pasó cuando escuché el ruido de la cadena, pero en el tiempo del porno la MILF tenía las tetas afuera y los técnicos estaban lamiendo una cada uno. Mi primo entra, y ya ni siquiera puedo decir que estaba con la actitud cortante anterior, su porte ahora era aún más hosco. Me mira, mira la televisión y me mira de nuevo y me dice “Seguís siendo el mismo virgo de siempre ves media teta y te calentas como un pendejo”.

 

El comentario y el tono en el que lo hizo me dejó mudo. No es que no fuese real en algún ., porque claramente el pito gomoso ya me abultaba el pantalón del traje, pero no por eso fue menos sorpresivo. Pero hubo algo mucho más notorio y potente en ese momento que no importa cuantos años pasen nunca me voy a olvidar: la excitación que me produjo esa especie de agresión de mi primo fue casi inmediata. En un parpadeo me encontraba de nuevo en esa situación de inferioridad de rango de cuando éramos chicos y sin entender por qué me di cuenta rápidamente que me había calentado tanto eso como lo que se veía en la pantalla.

 

“Siempre fuiste un pajero pero pensé que por lo menos esta edad ya sabrías escoger y no te calentarías con cualquier cosa”. Yo quería contestarle, pero no podía articular palabras hubiese impuso incluso podido cagarlo a trompadas sin que él pudiese hacer nada, y sin embargo mi cuerpo no me respondía. Necesitaba saber cómo seguía eso porque yo no sabía cómo pero no quería que se interrumpiese. “Ni huevos para defenderte” balbuceo el primo, más para él que para que lo escucho yo mientras se acercaba al sillón. Se sentó al lado mío y agarró finalmente su vaso de cerveza mientras se unía a mí para mirar la pantalla. 

La peli avanzó y mi vaso se vació, pero me daba terror moverme para servirme otro, tenía la pija dura y no había ninguna forma de que lo pueda disimular, mucho menos si me levanto. El primo que claramente estaba en control de todo lo que pasaba me increpó “no te vas a servir más?” Solamente atiné a contestar que sí y juraría que mi voz salió tan finita como si la hubiese pronunciado el  adolescente de 13 años al que él le hacía bullying. 

 

Él me mira y como nota que no me muevo se estiro, agarró la botella y me sirvió la cerveza mientras refunfuñaba “El mismo virgo de siempre…” Completó también su vaso y en cuanto apoya de nuevo la cerveza su mano va directo a su bulto y empieza a amasarlo bien tranquilo. Yo estoy entre que me animo y no me animo y finalmente la calentura puede más que mi estado catatónico y me empiezo a amasar también. Me mira, se ríe y me dice “pensé que te iba a tener que enseñar cómo se hace eso”. Le contesté “No, esto lo sé hacer bien!, “Y claro, si no debes poder coger nunca, te matas a pajas pendejo virgo” y se cago de risa. No sé si porque me había empezado a amasar o porque si ya no quedaban dudas que nos íbamos a clavar una paja, pero yo ya estaba embalado con toda la situación, así que ahí me envalentoné y le dije que era pajero a mucho a mucha honra y qué por lo menos sabía que para poder hacerme una paja tenía que sacar la pija fuera.

 

Volvió a poner su cara de abusador y me increpó “y entonces? Puro Blabla, porque pelarla no la pelas, te da vergüenza que no la pelas antes que yo?” Y sin esperar mi contestación desabrochó el pantalón y sacó su pito para que asomara por el cierre. Yo no era experto en medidas, pero en el momento pensé 15, 16 cm como mucho, y el ancho dejaba mucho que desear… Yo abajo de mi pantalón cargaba 22 cm de largo y una chota gorda que había dejado más de una concha colorada, así que cuando vi su pito asomar, di la batalla por ganada. 

 

“Difícil que te hagas la paja si en lugar de pelar tu chota seguís mirando la mía” me dijo yo sonriente me bajé el cierre y pelé mi pedazo en todo su esplendor, largo ancho duro y bien mojado. Hasta ese momento ninguna mujer había quedado inmune mirándolo, pero para el primo fue como si nada. “Parece que te tengo que explicar todo virgo” fue su único comentario. Volvió la vista hacia la pantalla y empezó a subir y bajar la mano por su pija, y yo que lo hubiese ganado cualquier casting para película porno no podía mirar ni la pantalla ni mi pito, su pija, su paja, y su indiferencia me resultaron hipnóticas e inescapables.

 

Yo apenas tenía registro de la porno en la pantalla, mi mano se movía mecánicamente arriba y abajo en mi pija, mi atención estaba por completa puesta en la pija de mi primo. Él se para, se baja los pantalones y deja el descubierto por completo su pija estándar, aunque si tengo que reconocer que tenía dos huevos muy buenos. “Mira, te enseño cómo se tiene que hacer la paja un tipo” me dice y se para casi adelante mío, sin tapar la pantalla pero con su pito apuntando hacia mí.

 

La piel cubría y descubría la cabeza de su chota y yo empecé a ser más consciente de los movimientos de mi mano, como si me lo hubiese indicado empecé a seguir el mismo ritmo de la suya hasta que tuvimos la paja en perfecta sincronía. “Bien pendejo, así se hace, dale con ganas”. Yo me paré y me bajé los pantalones dejando al descubierto toda mi poronga. “Bueno, por lo menos ahora se te pone duro el pito, cuando eras chico me dejaste haciéndome la paja solo…” El comentario me descolocó, yo algunas veces había recordado ese momento, pero nunca pensé que él lo podía tenerlo tan presente. “Era chico y no sabía qué hacer” le dije. “Bueno, mostrame a ver si aprendiste entonces”. En el momento no me di cuenta que me estaba pidiendo porque literalmente me estaba haciendo la paja delante de él, que era lo que quería que le demuestre? La respuesta no se hizo esperar.

 

El primo estiró la mano y me agarró mi mano izquierda y de un fuerte tirón me acerco hacia él. No había dudas que estaba guiando mi mano hacia su pija y aunque yo nunca había pensado en hacer eso no dude ni un instante en agarrársela, no sólo porque era lo que él quería sino porque era lo que yo también estaba deseando desde que se había bajado el cierre. La sensación de esa pija en mi mano no me la voy a olvidar nunca más, estaba dura como un garrote y yo podía sentir en mis dedos cada una de las venas que la recorrían y como le palpitaba.

Empecé a mover mi mano arriba y abajo del tronco que se sentía flaco y chiquito al lado del mío, pero no me importaba, su respiración se agitaba y yo más me calentaba.

“Bueno, por lo menos aprendiste a hacer la paja ahora”, y diciendo eso empezó a mover su cintura al mismo tiempo que agarraba mi mano y la apretaba en un puño con su poronga adentro. “Así así… así se hace una paja pendejo”, La voz sale salía entrecortada, la transpiración estaba empezando a chorrear por la frente y yo estaba en un éxtasis, mi mano izquierda violada por la chota de mi primo mi mano derecha pajeando lenta pero constantemente mi pija enorme que hoy por primera vez había quedado sometida a los mandatos de un macho alfa. Aflojando la presión me ordenó que me escupa la mano y se ve que mi escupida no lo convenció porque me obligó a que tome un poco más de cerveza y escupa de nuevo, debo reconocer que ese truco sirvió porque la siguiente escupida fue digna de una mano que tiene que hacer una paja. Volví a agarrarle la pija esta vez sin la ayuda de él que se puso las dos manos detrás de la nuca y empezó a bombear de nuevo.

 

Pasamos unos minutos así y después me dijo “vení que te voy a mostrar algo”, y me empujó para que me siente en el apoyabrazos del sillón. Acercándose a mí puso su pija contra mi pija y me enseñó cómo hacer un Frot. La Imagen era atrapante, las dos cabezas entrando y saliendo de los prepucio mientras los troncos entraban y salían por el hueco de la mano, la cabeza de mi chota que era casi el doble que la cabeza de la de él apenas se movía mientras que la suya bombeaba fuera de control. 

No sé si estuvimos mucho tiempo así o poco, pero sí sé que el placer que sentía era inmenso y que el morbo de toda la situación era aún mayor, tuve que pedirle que frene porque iba a acabar, y me tuve que bancar las burlas al respecto.

 

Se separó un poco de mí, prendió un pucho y se terminó su cerveza mientras el pito se le iba bajando un poco. “Vení” me dijo, y empezó a caminar fuera de la habitación. Yo lo seguí con la pija todavía absolutamente erecta y chorreando por la Punta. Entramos al baño, él se paró adelante del inodoro y me dijo “sostenermela que voy a mear”. para mi sorpresa no dude ni un instante y se la agarré, corrí la piel de la cabeza e inmediatamente el chorro de meó salió hacia el inodoro. El tiró la cabeza hacia atrás y suspiró mientras yo miraba su pija en mi mano mientras hacía pis.

 

Para el momento en el que termino, ya estaba volviendo a ponerse duro, salió del baño sin lavarse ni sacudirse y yo lo seguí. “Vení que te muestro algo más” y cuando llegamos al lado del sillón me empujó suavemente para que yo me acueste. Él se subió arriba mío entre mis piernas dejando nuevamente los dos pitos juntos, pero sin usar las manos. Arrancó un bombeo suave que en segundos le empezó a provocar jadeos mientras cerraba los ojos, yo sentía sobre mi cuerpo el peso del suyo, su aliento a cerveza y cigarrillo contra mi cuello y la fuerza de sus estocadas que hacía que los pitos se froten aún más fuerte que durante el Frot. Él empezó de a poco aumentar el ritmo de sus movimientos y empezó a hablarme cada vez más fuerte. “Así virgo, aprende lo que es un macho”, “sí sí, gózate esta paja pendejo” y otras cosas más en ese tono mientras sus bombeos iban cada vez más profundos y el placer era cada vez más fuerte. Cada vez gemiamos más y más fuerte, él tenía una mano en mi nuca con la que hacía fuerza para estar más apretados, y sus estocadas me estaban llevando al límite.

 

Como si supiese, se incorpora un poco y mirándome a los ojos dice “primito no puedo más, necesito largar la leche”. Yo asentí con mi cabeza y él volvió a bajar el cuerpo y empezó a embestir de nuevo. Con su aliento caliente cerca de mi oreja empezó a decir una y otra vez “querés la leche de tu primo” y mientras repitió eso tres o cuatro veces dio las últimas embestidas hasta que largó un grito de placer y yo empecé a sentir en mi panza y mi chota el flujo de la leche chorreando. Eso fue suficiente para pasarme del límite y empezar a acabar yo también. Los dos jadeábamos muy fuerte casi a los gritos hasta que quedamos agotados y sin poder movernos.

 

Cuando Dami se levanta se empieza a cagar de risa de cómo había quedado todo enleechado yo y me dice que si quiero que vaya a bañarme, y eso hice. Cuando salí del baño, él estaba en el comedor totalmente vestido actuando con absoluta normalidad y por supuesto ninguno de los dos hicimos mención a nada de lo que había pasado. Dale que te bajo a abrir la puerta me dijo, y así bajamos y ya en la calle nos abrazamos y me dice que bueno haberte visto y habernos podido poner al día, y le dije gracias por la invitación. y antes de irme volvió a hacerme un gesto para abrazarnos, y para mí sorpresa tiró la mano hacia abajo y me agarró el bulto y por primera vez en la noche dijo algo al respecto: “Bien ahí con esto la vas a romper primito” y así nomás se dio la vuelta y volvió a entrar.

 

Comentarios

  1. La frase "La sensación de esa pija en mi mano no me la voy a olvidar nunca más, estaba dura como un garrote y yo podía sentir en mis dedos cada una de las venas que la recorrían y como le palpitaba" tiene tanta carga de morbo!!!

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  2. Me queda la duda de si ocurrió algún otro encuentro con tu primo

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  3. Hubo más encuentros pero esta anécdota no es mía!

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