La primera juntada con Raúl

 

Hacía muy poco tiempo que yo había empezado a tener experiencias con otros pajeros. Era una época en la cual los contactos se hacían a través de canales de Chat en diferentes servidores, y en unos de esos canales lo encontré a Raul, un flaco de uns 30 años que estaba buscando una chica para coger y ya no me acuerdo por qué terminamos charlando nosotros 2 por privado, tuvimos toda una conversación sin ningún tenor erótico. La coincidencia de enterarnos que ambos éramos pajeros pasó al fin de semana siguiente.

 

Yo estaba en la casa de un amigo en una reunión y como estaba todo bastante aburrido decidí irme para casa a ver si conseguía alguna chica para coger. Cuando llego,m me conecto al canal de Chat y vi que no había mucha gente, probablemente porque era muy temprano, pero ahí estaba Raúl que me saludó. 

 

Como el Chat estaba muy aburrido, nos pusimos a charlar un rato entre nosotros y le pregunté cómo le había ido la semana anterior, a lo cual me contestó que no había tenido suerte y no había conocido a ninguna chica, lo cual fue naturalmente seguido por el comentario habitual de “me tuve que clavar una paja”. Esa frase en otro momento no hubiese significado demasiado para mí, pero estaba en una noche muy aburrida, las perspectivas de poder coger en las siguientes horas eran casi nulas y mi calentura era mucha, así que sin siquiera darme cuenta de lo que había pasado, ese comentario me encendió el morbo. 

 

Sin pensar mucho en una estrategia, y creo que incluso sin tener muy en claro adonde estaba apuntando, le contesté diciendo eso me parece un excelente plan, y esperé ansioso a ver cuál era su respuesta. Pasaron unos minutos y cuando yo pensé que ya no iba a recibirla, me contesta que a él le parecía lo mismo, y con esa especie de sexto sentido que tenemos los pajeros cuando nos reconocemos sin saber bien por qué, la conversación mutó inmediatamente 

 

Durante lo siguiente media hora toda la conversación giró alrededor de nuestras costumbres pajeras, e incluso hicimos el clásico comentario de que muchas veces es mejor una paja que un polvo. Y con la naturalidad que sólo un pajero charlando con otro pajero puede tener, me preguntó si a veces me pajeaba también con amigos, a lo que respondí que no habían sido muchas veces pero que lo había hecho, y a partir de ese momento la charla tuvo el giro definitivo que terminó en uno de los encuentros pajeros más memorables que tuve.

 

Para prevenir la posibilidad de arruinarnos un polvo esa noche, quedamos en encontrarnos en su departamento al día siguiente. Cuando llegué a la puerta mis nervios estaban descontrolados, tenía las palpitaciones aceleradas y al mismo tiempo podía sentir el pito ansioso engomado adentro del boxer. Raúl bajó a abrir la puerta vestido con lo que muchos años después entendería que era “el código” pajero por excelencia, un pantalón que marcaba el bulto.

 

Cuando subimos al ascensor, ingenuo de mí, hice todo lo posible para no mirarle el bulto en el pantalón. No sé si se dio cuenta de eso o qué, pero él respondió de la forma opuesta. Se acercó un poco a mí y estirando su mano tocó mi jean donde mi pito ya estaba empezando a cargar sangre… Para cuando bajamos del ascensor, estaba claro que el bulto de él estaba más grande y también estaba claro que yo me moría de ganas de agarrarlo.

Como todavía era de mis primeras veces, me sorprendí mucho cuando entré a la casa y vi que ya estaba el porno en la televisión. Una práctica que hoy día me parece de lo más normal. No me acuerdo bien lo que había en pantalla pero sí que fue una buena señal que uno de los que estaba en la escena era Peter North. Raúl me ofreció algo para tomar y yo le pedí un poco de agua, tenía la boca seca por los nervios. Me dijo que me siente en el sillón frente a la televisión y se fue a la cocina, volvió un minuto después con una bandeja que tenía un vaso con agua, dos vasos vacíos y una botella de 1 litro de cerveza.

 

No hay forma en la que recuerde de que conversamos en esos primeros minutos, pero sí la vergüenza que me daba no poder evitar mirarle el bulto, estaba hipnotizado y al mismo tiempo no quería que él se diese cuenta. Cuando en la peli porno termina la escena de sexo, él, como buen pajero, deja de prestarme atención y se pone a mirar la trama, (después cuando charlamos un poco más me terminé enterando que era de esos tipos a los cuales le gustaba el porno con argumento). Una vez que arrancó la siguiente escena volvió a relajarse y a charlar conmigo, mientras suavemente se tocaba cada tanto por arriba del pantalón. Yo como buen pajero estaba muy nervioso y al mismo tiempo sin poder aguantarme las ganas, así que empecé a tocarme también. Cuando vio eso, sin dejar de tocarse se acercó un poco a mí, y puso la otra mano arriba de mi pierna. Todavía me acuerdo la sensación que eso me produjo, como si hubiese recibido una descarga eléctrica con todo mi cuerpo se puso tenso pero no de nervios sino de placer, ese placer que sólo se puede sentir cuando uno está expectante de algo bueno.

 

Rápidamente la mano en la pierna empezó a moverse despacio y las caricias en los cuádriceps se iban a acercando cada vez más a mi pija, y con cada centímetro que avanzaban más fuertes eran mis ganas no solo de sentir sus manos sobre mi bulto, sino también de animarme a estirar la mía y agarrárselo a él, y finalmente me animé. Cambié la mano con la que me estaba tocando y la estiré directo hacia su bulto. Yo en esa época no era de verbalizar o hacer muchos ruidos durante la paja, pero en cuanto lo toqué él hizo un gemido profundo y fue instantáneo para mi el entender la calentura que ese gemido me generó y desde ahí decidí cambiar y empezar a ser más expresivo yo también. 

 

Mientras mis manos recorrían su bulto para arriba y para abajo, lo poco que todavía le quedaba por crecer se transformó en un palo duro, incluso a través de la tela podía sentir como ese pija se había puesto como un garrote y entre eso y su mano suavemente recorriendo mi jean la mía también se terminó de parar, durísima.

 

Sin pedir permiso ni avisar, tiró su otra mano hacia mí y comenzó a desabrocharme el pantalón. Yo no daba más de las ganas de sentir sus manos sobre mi pija y de poder tocar la suya y en cuestión de segundos estábamos en esa. Raúl me miraba fijo los ojos mientras con su mano cubría y descubría la piel de mi glande, yo en cambio, tenía la mano inmóvil mientras él movía enérgicamente sus caderas cogiéndomela.

 

Después de un rato así, nos paramos y nos sacamos los pantalones, los dos teníamos el pito durísimo y nos lo apuntábamos de frente. Sin pensarlo 2 veces y casi de forma intuitiva avancé hacia él y le apoyé mi pija contra la suya, le agarré las caderas y empecé a bombear. Él se acoplo a mi movimiento mientras me dejaba guiar el ritmo. Estuvimos espadeando un rato así y después me puso la mano tras la nuca y me acercó hacia él dejando nuestros cuerpos uno pegado al otro mientras las pijas se frotaban con muchas ganas.

 

En un momento él se separa y me vuelve agarrar la pija de frente, y yo bajo mi mano a la de él. Recién ahí me di cuenta la cantidad de precum que el flaco estaba largando. No sólo tenía la cabeza mojada sino que me había mojado mi pija y le chorreaba un hilito viscoso de la punta. Sin pensar mucho lo que hacía junté el hilo de líquido preseminal y con la mano manchada volví a agarrarle el pito que ahora me resbalaba por toda la humedad que tenía. 

“Qué duro tenés el pito me decía” mientras no paraba de pajeármelo. Yo no decía mucho pero estaba fascinado con la paja que le estaba haciendo a Raúl. En un momento el encorvó su cadera para atrás y me dijo “pará pará que si seguís acabo”. Esa frase me provocó una calentura que no sé ni cómo explicarla, pero al mismo tiempo quería que se estire la paja así que le solté la pija.

 

Unos segundos después, como si fuese un perro al que dejaste de acariciar y te reclama cariño, el pito le empezó a largar aún más precum, yo no quería desperdiciar ni una gota pero tampoco quería que se fuese en seco, así que me acerqué y solamente usando el pito le junté todo lo que le chorreaba y mientras lo miraba jadeando y tratando de recuperarse, empecé a pajearme a mí mismo usando su preseminal. 

 

Raúl agarró un vaso de cerveza y se sentó, yo iba a seguirlo pero me dijo que me quedé parado y me pajee delante de él… Ahí quedé yo, bien de frente, con mi pija a la altura de sus ojos y mis manos acariciándola, mientras él simplemente tomaba su cerveza y me la miraba fijo. Cuando terminó su vaso se ve que estaba repuesto porque empezó a pajearse ahí como estaba. La imagen era hipnótica, pero yo quería agarrarle el pito, así que me agaché adelante de él, estiré mi mano y corriéndole su mano lo empecé a pajear . La sensación de tener esa poronga dura y toda chorreada con preseminal en mi mano era increíble, y verlo contornearse de placer mientras yo lo pajeaba me estaba volviendo loco a punto tal que sin siquiera tocarme yo seguía teniendo la pija como un hierro.

 

“Sentate vos” me dijo y se levantó. Yo me senté donde él estaba antes y él se quedó parado delante mío, lo tomé como una invitación a seguir y volví a agarrarle la pija, tenía la cabeza roja y los huevos bien tirantes y eso yo como buen pajero ya sabía lo que significaba. “Querés acabar?” le dije. “Me gustaría estirarla un poco pero ya no puedo más” contestó, “estoy muy caliente”. “Dale” dije mientras seguía acariciando esa pija dura que se veía a punto de reventar en mis manos apenas unos centímetros delante mío. 

 

“Ahí viene” dijo, y yo me preparé sin dejar de mover mis manos por todo su tronco. El primer chorro fue corto y sin fuerza, pero el segundo fue digno de un actor porno. De ahí en más los que siguieron me llenaron de leche el pecho y panza, mientras adelante mío el gritaba como un sacado con las piernas temblando y la panza agitada por tanto jadeo.

 

Cuando terminó el orgasmo se sentó al lado mío, junto la leche que pudo de mi pecho y poniéndomela en la pija me empezó a pajear fuerte . Si me preguntaba antes cuánto me faltaba lo hubiese dicho que me faltaba un rato, pero no debieron de haber pasado ni 15 segundos que yo me estaba contorneando en un orgasmo que le dejó la mano llena de leche.

 

Con Raúl nos vimos muchas veces más, algunas muy memorables y espero dentro de poco poder contar alguna otra . 

 

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