Introducción: La Cultura Bator
Honestamente no creo haber nacido en una familia conservadora. En mi casa nadie hablaba mal de los gays ni las travestis (aunque en esa época se usaba el pronombre Los), los amigos de mis papás eran familias ensambladas e incluso el divorcio no estaba mirado como algo malo o pecaminoso. Con mi papá tuve la posibilidad de hablar mucho sobre sexualidad durante mi adolexcencia y hasta el día de hoy le estoy muy agradecido por eso.
Sin embargo, cuando se trata de la paja, lo que aprendí no refleja mucho lo que con los años termine entendiendo. La paja no era algo prohibido ni malo en mi familia, pero como le pasó creo yo a casi todos los hombres, aprendimos que era algo que se hacía por necesidad (o sea cuando uno no cogía y estaba caliente), algo que se hacía cuando uno era chico y no había acceso a tener sexo seguido, y sobre todo que era algo que se hacía en la intimidad. Aunque en la adolescencia tuve lo que hoy día se considera como experiencias normales de cualquier joven compartiendo momentos de masturbación con amigos, a los 17 años cuando me puse de novio en serio y empecé a tener relaciones sexuales, esos encuentros entre adolescentes 0desaparecieron. La paja sin embargo nunca desapareció, pero yo me sentía muy culpable de hacérmela estando de novio, casi como si estuviese siendo infiel y además sentía que era algo que me denigraba, como si por hacerme la paja estuviese actuando como un virgen o algo así.
La paja no era un tema de conversación con mis amigos, y mucho menos cuando la adolescencia dio paso a la juventud y todos entramos en la madurez sexual. Entre esa primera novia a los 17 años y mi primer experiencia masturbatoria los 23, la paja fue para mí una vergüenza y algo que tenía que ocultar porque no era propio ni de la vida adulta, de la madurez sexual, y sobre todo no era parte de la vida social de un hombre. Esa primera paja compartida a los 23 años cambio completamente mi visión sobre lo que había aprendido a lo largo de los años respecto a la masturbación. No era verdad que los adultos no lo hacíamos, no era solamente yo el que sentía las ganas y la satisfacción de una buena paja y descubrí para mi sorpresa sobre la satisfacción extendida que implicaba compartir la paja con otros hombres.
Descubrí entonces la Cultura Bator, algo que había volado por fuera de mi radar durante todos esos años pero que estaba muy presente entre las complejas estructuras de la sociedad masculina. Muchos otros hombres se masturbaban, y vivían la paja como una forma de placer no inmediato, y sobre todo una forma de vincularse con otros hombres, casi diría el día de hoy una forma mucho más sana de vincularse que el machismo o la misoginia, un vínculo que no iba desde la el distanciamiento con la mujer, sino desde el acercamiento con lo masculino.
La Cultura Bator me dio compañeros de paja pero también me dio amigos, eso que llamamos ahora pajamigos, tipos con los que sin necesidad de compartir nada más que esos momentos de goce, lograba un vínculo muy fuerte, algunas veces incluso más fuerte que el vínculo de amistades que duraron por años.
En el crecimiento de las redes sociales encontré en Twitter un nicho de la Cultura Bator muy expandido, donde hombres de todas la sexualidades daban rienda suelta sin prejuicios ni tabúes a sus deseos masturbatorios. Había ahí una comunidad Bator muy variada, pero que en línea generales todos coincidían aun cuando no lo supieran en adherir a la Cultura Bator. En esta comunidad hacerse la paja es un orgullo y tener amigos con los cuales compartirla es para casi todos el objetivo más lindo al que se pueda llegar.
Ahí me transformé en curador, empecé de a poco buscando videos que representen la Cultura Bator y empecé a postearlos. Mi objetivo no era ningún otro que el de poder sentir que estaba compartiendo mi morbo pajero con otros hombres igual de pajeros que yo. La comunidad de pajeros que me seguían y disfrutaban de mís posteos crecía cada vez más y con ellos crecía el intercambio de anécdotas, y casi sin quererlo me volví no sólo alguien que contaba experiencias sobre la Cultura Bator, sino un depositario de relatos de otros pajeros que, igual que yo, estaban muy ansiosos de poder compartir su experiencia pajera con otros pajeros.
No hace mucho, cerró una de las páginas en las cuales yo interactuaba mucho con otros pajeros, el CuriousCat. El cierre de CC fue un punto de quiebre para mí y para muchos que compartíamos en ese ida y vuelta mucho morbo, y fue así como varios de mis seguidores me sugirieron que reemplace ese contenido con la escritura de relatos pajeros que muchas veces se encontraban en esa plataforma la forma de aflorar y ser compartidos. Fue así que empezó a surgir la idea de crear este blog en el cual no solo intento plasmar mis anécdotas pajeras, sino también (anónimamente obvio) las anécdotas que los pajeros miembros de esta comunidad bator compartió conmigo a lo largo de todos estos años.
En este blog van a encontrar escritas con estilo literario, anécdotas, fantasías, y sobre todo un cariñoso y morboso homenaje a esa cosa tan espectacular que es la paja. Estos relatos como ya dije, no son sólo míos pero van a ser escritos en primera persona , anécdotas o fantasías no van a ser diferenciadas la una de la otra y cada uno de estos relatos va a contar una experiencia pajera diferente. Algunos relatos serán más tranquilos, otros relatos serán muy subidos de tono, y otros relatos pondrán en jaque los valores de muchos de ustedes. Les pido que tengan en cuenta al leerlos que la Cultura Bator no considera la paja como una relación sexual sino como una forma de vínculo entre los hombres, incluso me atrevería a decir la forma más perfecta y completa de vínculo entre los hombres. Espero que estos relatos los pongan bien al palo, espero lograr que bulteen leyéndolos camino al trabajo, cerca de su familia, compartiéndolos con sus amigos, etc.
Una advertencia final: para evitar polémicas y peleas, los comenatarios van a ser moderados por mí, pero los insisto a que utilicen este espacio no sólo para clavarse unas buenas pajas leyendo, sino también para interactuar con otros pajeros de forma respetuosa, morbosa y quien les dice, tal como pasa en Twitter a veces, salen de este blog con un nuevo pajamigo.
Bienvenido este nuevo espacio. Este "Club de Lectura de Caballeros" de muchachos, de tipos, de jeropas, pajines, morbosos, gooners, veteranos, casados, solteros, separados, pijudos, pitocortos, y todo aquel que ama ser B8R.
ResponderBorrarVamos amigo!!
Fulbito
Grande amigo. Gran comienzo de blog
ResponderBorrarA seguir con más relatos, para jeropas
ResponderBorrarExcelente propuesta! Acá cuentas con un seguidor mas
ResponderBorrarQué buena iniciativa de seguir por aquí, amigo!!, te sigo en X y te leí -y me pajee muchas veces- con tus interacciones en CC, felicitaciones y sólo ruego que nos regales muchas horas de buen sobe.
ResponderBorrarHola Amigo Jeropa: soy un viejo pajero o pajero viejo de 64, y disfruto de la paja desde los 11 años. Siempre fue mi fiel amiga. Y desde que conocí algunos pajaamigos, ya hace varios años, he entrado a un mundo que bien llevado no tiene retorno. Abrazo grande y felicitaciones por el blog, lo necesitábamos!!!
ResponderBorrarQue copado che! Más confirmación, no hay edad para largar la paja, es una pasión que no nos abandona!
BorrarPor supuesto que no. Nunca nos abandona. Es algo que nos acompaña toda la vida. Y nos hace sentir orgullosos de ser pajeros
BorrarSaludos, amigos. Yo conocí la paja a los cinco! Y hasta ahora, a mis 38 y casado, es lo que más disfruto en el día. Algunas veces hasta 2 o 3 por día.
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